Maestro de la Gran Odisea

Copie Este Guión Gráfico. Resumen de la Actividad A medida que los alumnos leen, un guión gráfico puede servir como un útil registro de referencia de personajes. Los personajes de la odisea Aeolus - dios del viento Atenea - Guía de Odiseo, Diosa de la Guerra y la Sabiduría Calypso - Ninfa Caribdis - un gran remolino Circe - bruja Helios dios del sol Hermes - Dios Mensajero Polyphemus - Cyclops Poseidón - Dios de los mares Sirenas - Criaturas que engañan a los hombres a sus muertes con una canción Scylla - Bestia de seis cabezas Zeus - Gobernante de todos los dioses.

Instrucciones de Plantilla y Clase Estas instrucciones son completamente personalizables. Instrucciones del estudiante Cree un mapa de caracteres para los caracteres principales.

Identifique los personajes principales de The Odyssey y escriba sus nombres en las diferentes cajas de título. Elija un personaje de la "Clásica Era" o "Mitología Griega" pestañas para representar a cada uno de los personajes literarios.

Seleccione los colores y una pose apropiada para los rasgos de la historia y del carácter. Elija una escena o fondo que tenga sentido para el personaje. Guarde y envíe la asignación. Mas opciones Copie Este Guión Gráfico.

Rúbrica También puede crear el suyo propio en Quick Rubric. Plantilla del Mapa de Caracteres. Crea un mapa de personajes de los personajes de la historia.

Pon el nombre del personaje en los cuadros de título y elige un personaje y una escena para representar a cada uno. Mientras lee, tome notas sobre los personajes respondiendo a las preguntas. Los personajes y escenas son apropiados para los personajes del libro. Muchos de los personajes y escenas coinciden con los personajes del libro.

Más de la mitad de los personajes y escenas no coinciden con los personajes del libro. Muchas de las notas tienen información correcta, pero algunas son incorrectas o faltan.

Menos de la mitad de la información de las notas es correcta y pertinente. La mayoría de las secciones del mapa de caracteres fueron al menos intentadas y el trabajo es presentable. Cómo Organizar la Información en Infografías 1. Establezca su Mensaje Claro Decide qué punto clave o comida para llevar quieres hacer con tu infografía.

Elija Puntos Importantes Concéntrese en la información o los puntos que mejor respalden su argumento. Pero Ulises quiere saber y quiere ver, y se queda.

Del mismo modo, cuando cruza el golfo de las Sirenas, tapa con cera los oídos de sus compañeros encorvados sobre los remos, pero no sus propios oídos y manda que lo aten al palo mayor de la nave, con orden de no desatarlo, a pesar de las señales que él les dirija en contra, porque quiere oir y conocer aquel mortal canto de las sirenas inmortales.

Y después, en la isla E, entre aquella espesa floresta, las mágicas hierbas, los animales salvajes aprisionados y mansos; ¿quién canta dentro de la casa aquel canto suave? Euríloco advierte a Ulises que muchos de sus compañeros desaparecieron allí; sin duda los mataron; y le propone huir.

Pero Ulises se ciñe la espada y va; otra vez quiere ver y saber. Y también con Penélope antes de darse a conocer -lo hará en el último momento, después de haber matado a los pretendientes-, quiere ver y saber. Son episodios merecidamente famosos, que todos recuerdan independientemente de la trama en que se hallan entretejidos.

Como recuerdan, cuando Ulises está ya en Itaca, las personas y los episodios; los conmovedores reconocimientos, por parte de Filecio el boyero y de Eumeo el porquero, criados fidelísimos, de su nodriza Euriclea que le crió de niño y ahora reconoce, mientras le está lavando, la señal de la antigua herida en su pierna, y hasta el perro Argos, del pobre y viejo perro que también le ha esperado durante veinte años, y allí esté tendido, moribundo, junto al umbral de la casa, en un montón de estiércol.

Ulises pasa cerca de allí, con Eumeo. Está a punto de cruzar el umbral. El perro ha oído su voz y acto seguido le reconoce. Endereza un poco las orejas: no gruñe, no ladra, no se mueve.

El amo se le acerca. Y entonces el animal, feliz baja las orejas. Eumeo entra en la casa. Ulises se queda allí, todavía desconocido de todos, con su perro, el único que le ha reconocido, y acto seguido el perro muere.

De todos estos episodios, el punto de enlace interior, espiritual y poético, no mítico y exterior, es siempre Ulises, tal vez la figura literaria más rica de humanidad que la poesía griega ha creado, con su riqueza singularísima de prudencia y valor, de curiosidad y de inteligencia, de generosidad impetuosa y de calculada frialdad, de lucidez y de cautela, de segura presteza y de obstinación, de fe y de duda, de ardentísima y activísima astucia; de él parten y a él vuelven lo mismo los episodios particulares, que los temas y los motivos mayores y menores de todo el poema.

La Odisea es el poema del "regreso" de Ulises; del regreso a su isla natal, a Itaca, después de la guerra de Troya. También la acción de la Odisea dura, como la de la Ilíada, un número de días muy limitado, cuarenta; desde que Ulises abandona la isla de Calipso hasta que, exterminados los pretendientes, es nuevamente dueño y rey de su casa y de su reino.

Pero dentro de la obra aparecen, relatadas por el propio Ulises en la corte de Alcinoo, sus largas peregrinaciones, que duraron nueve años completos, desde que Ulises partió de Troya hasta que, al décimo año, lo volvemos a encontrar en la isla de Calipso.

El poema se puede dividir en dos grandes partes: antes del regreso de Ulises a Itaca, los primeros doce cantos; regreso y después del regreso, los últimos doce.

La primera parte puede dividirse, a su vez, en dos secciones, la "Telemaquia" representa el estado de la casa de Ulises durante su ausencia; sobre todo celebra la adolescencia de Telémaco, a quien Ulises, cuando partió para Troya, dejó casi recién nacido, y que ahora tiene ya veinte años y está en disposición de asumir directamente, en ausencia de su padre, el gobierno de la casa.

En resumen, la acción de la Odisea parte de estos tres núcleos míticos: adolescencia de Telémaco, viajes de Ulises errabundo, regreso y venganza; y estos tres núcleos giran en torno a un nudo central que une a los tres; las malversaciones de los pretendientes de Penélope se agudizan ahora, cuando después de veinte años la esperanza de que Ulises no vuelva se ha convertido casi en certidumbre; los pretendientes se encienden además en ira contra Telémaco al llegar este a la adolescencia y le tienden celadas y urden insidias para quitarle de en medio y matarle.

Y he aquí que, ahora precisamente, Ulises está regresando; más aún, ha regresado ya, está en el palacio real y nadie lo sabe, excepto Telémaco; nadie lo reconoce, ni siquiera Penélope; sólo unos pocos y fieles criados, Eumeo, Filicio, Euriclea, que le ayudan en su venganza.

Este nudo, esto es, esta conciencia-mito, da tono y movimiento a la poesía de la Odisea; la envuelve en una atmósfera de necesidad, de la cual recibe alimento y vida desde el principio hasta el fin; es su expresión. Ahora bien, la poesía de la Odisea se desarrolla a lo largo de dos temas o motivos fundamentales: el tema del regreso y el tema de la venganza, que a veces confluyen el uno en el otro y se enriquecen con motivos menores que dan a la obra un carácter más uniforme y fluido; pero también dominan, diferentes, partes distintas.

Por una parte, las depredaciones y arrogancias de los pretendientes y las insolencias de los criados infieles, y por otra parte, la fidelidad de los criados, de la mujer, del hijo y del anciano padre, el tenaz amor y la larga espera, ya desesperada, y la obstinada defensa, y, al mismo tiempo, el prudente acercamiento de Ulises, desconocido y bajo el aspecto de un mendigo, su espera impaciente, su lento volver a encontrar y reconocer cosas y gentes amadas, son los elementos del segundo tema, que queda ya ampliamente apuntado en la primera parte en los cantos de Telémaco, que domina sobre todo la última parte, esto es, los cantos de la venganza, y tiene su centro, o su máxima elevación musical y poética, en el canto del arco o, mejor dicho, entre el grande y deslumbrado final del canto vigésimo y los primeros versos del canto vigésimosegundo.

También para la Odisea es menester repetir lo que se ha escrito de la Ilíada. Su unidad y coherencia no son dudosas; innumerables correspondencias de tono, aunque no siempre visibles a primera vista, y tanto más valiosas cuanto más recónditas, son testimonio de ello y pruebas seguras.

La división en veinticuatro libros como la Ilíada es obra de los gramáticos alejandrinos, pero en gran parte es restauración de otras divisiones rapsódicas y aédicas de muchos siglos antes, de manera que es fácil suponer que no sólo Esquilo, por ejemplo, sino también Arquíloco, Safo y Mimnermo leyeran a Homero poco más o menos en el estado en que nosotros lo leemos.

Pasar al contenido principal. La literatura universal se enriquece con obras que trascienden su tiempo y espacio, y entre estas joyas literarias destaca La Odisea , una epopeya épica atribuida al poeta griego Homero. Escrita en el siglo VIII a. La Odisea narra las peripecias de Odiseo, rey de Ítaca, mientras intenta regresar a su hogar después de la Guerra de Troya.

El héroe enfrenta innumerables desafíos, desde la enemistad de los dioses hasta encuentros con criaturas míticas como la cíclope Polifemo y la hechicera Circe. La obra se centra tanto en los obstáculos físicos como en los desafíos internos de Odiseo, explorando su astucia, resistencia y perseverancia.

La Odisea es más que una narrativa de hazañas heroicas; es un testimonio vivo de la sociedad y la moral de la antigua Grecia.

A través de sus personajes y eventos, la obra refleja los valores fundamentales de la cultura griega, como la importancia de la astucia, la lealtad, la victoria sobre la adversidad y la relación compleja entre los dioses y los mortales. Esta epopeya también ha sido crucial para la comprensión de la mitología griega.

La Odisea presenta una panorámica detallada del panteón olímpico, con dioses que intervienen directa o indirectamente en la vida de Odiseo, a menudo como obstáculos o aliados. Además, la obra contribuye significativamente a la comprensión de la naturaleza humana y la lucha por la identidad en un mundo lleno de desafíos.

Esta obra ha inspirado innumerables obras literarias a lo largo de los siglos. Desde las epopeyas medievales hasta las novelas modernas, escritores han buscado la chispa creativa que Homero encendió hace milenios.

Autores como James Joyce, en su obra Ulises , han homenajeado y reinterpretado la estructura y los temas de La Odisea en contextos más contemporáneos.

La resonancia de La Odisea no se limita al pasado. En la actualidad, la obra sigue siendo estudiada en escuelas y universidades de todo el mundo, desafiando a los lectores a reflexionar sobre la naturaleza de la odisea personal, el viaje interior y la búsqueda de la verdadera identidad.

La figura de Odiseo perdura como un arquetipo universal, recordándonos que cada individuo enfrenta su propio viaje lleno de desafíos y descubrimientos.

En conclusión, La Odisea de Homero no solo es una joya literaria de la antigüedad, sino también una fuente inagotable de inspiración que ha dejado una huella indeleble en la literatura mundial. Su influencia perdura, sirviendo como faro que guía a generaciones de lectores a través de los laberintos de la condición humana y recordándonos que, aunque los tiempos cambien, los desafíos y triunfos fundamentales del viaje humano siguen siendo universales.

La Odisea narra la historia del héroe griego Odiseo, Ulises, el viaje de regreso a su reino de Ítaca donde le esperan su esposa Penélope Las andanzas y aventuras de Odiseo, vividas en el lapso de diez años que duró su regreso al hogar tras una activa participación en la guerra de Troya Además de la Ilíada y la Odisea, a Homero se le atribuyeron otros poemas, como la épica menor cómica Batracomiomaquia (La guerra de las ranas y los ratones), el

Maestro de la Gran Odisea - Missing La Odisea narra la historia del héroe griego Odiseo, Ulises, el viaje de regreso a su reino de Ítaca donde le esperan su esposa Penélope Las andanzas y aventuras de Odiseo, vividas en el lapso de diez años que duró su regreso al hogar tras una activa participación en la guerra de Troya Además de la Ilíada y la Odisea, a Homero se le atribuyeron otros poemas, como la épica menor cómica Batracomiomaquia (La guerra de las ranas y los ratones), el

Un trabajo de traducción que sólo es posible a partir del trabajo filológico de Erasmo sobre el que se reconstruye el griego clásico. Quién fuese Homero y cuando se pusieron por escrito las historias de la guerra de Troya y del regreso de Ulises que leemos en la Ilíada y la Odisea es algo que todavía desconocemos.

Lo cierto es que estos textos, adjudicados a Homero, formaron parte de la educación de los griegos y fuente de inspiración para sus poetas trágicos. Y que encontraron en Platón a su lector más crítico.

Precisamente fueron los asuntos sobre los encuentros y desencuentros de la filosofía y la poesía, de sus límites, de la poética del traductor, y de las posibilidades del lenguaje los que ocuparon la segunda parte de la sesión.

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Manuel Aponte, profesor de griego en la Universidad de Bolonia, y D. Francisco Estrada y Campos. Ambas traducciones, que debieron de ser muy notables, han quedado inéditas, y la primera se ha perdido.

Véase la noticia sobre Hermosilla y su Ilíada , por D. Marcelino Menéndez y Pelayo. Gironella, entre otras cosas como la de que Gonzalo Pérez no tomó en serio su tarea: «Ciertamente, pues, era una consideración para un amante de las letras el regalar á su patria una tan preciosa antigüedad; pero en mí este patriótico impulso estaba balanceado por dos consideraciones: decía á mis instigadores: «pero si á pesar mío confieso que no me gusta, y si no sé el griego?

á lo primero me contestaban que no me gustaba porque no la había visto con detención; que cuanto más adelantase en la obra más bellezas hallaría en ella, lo que confieso humildemente que, generalmente hablando, así me ha acontecido; y á lo segundo que el griego de Homero, que no es una lengua general, sino una de sus cuatro distintos dialectos, nadie lo sabe actualmente sic , como lo prueban las continuas contradicciones que hay entre los traductores relativamente al verdadero significado de una palabra misma, y que las buenas traducciones latinas, italianas, francesas, inglesas y alemanas, son tales y de tales autores, que yo, aun cuando me hallase ser un perfecto helenista, nunca hallaría en mi original más que lo que ellos hallaron, ni sabría expresarlo mejor.

Algo concluyente es este raciocinio y para mí esforcé el convencimiento á que lo fuese más. Tomé, pues, la exactísima y literal versión latina de Henr. Stephano, publicada en París en , la inglesa de Pope, las francesas de J. Bitaubé, de Dugas-Montbel, de madama Dacier, del príncipe Le Brun, el sabio concolega del cónsul emperador, y de Eugenio Bareste, última que se ha publicado y que se supone ser la más técnica.

No quise apelar á mayor número de materiales, para evitar dudas y confusiones, y estudiando bien y compulsando entre sí estos auxiliares, hallé que en efecto podía apoyarme en ellos.

Segalá, con ilustraciones de Flaxman y del profesor A. Segalá, é ilustraciones de Flaxman. Teubneri, et Albracht, C. Capelle, A. Eberhard, E. Eberhard, B. Giseke, V. Koch, C. Mutzbaver, Fr. Schnorr de Carolsfeld, edidit H. Teubneri, Trianon et E. ie , Tradotta letteralmente del Dr.

Salvatore Ungaro. Butcher, M. and A. Lang, M. Macmillan et C. º, Minerva propone á Júpiter que Mercurio se llegue á Calipso y le mande que despida á Ulises. Mas ni aun así pudo librarlos, como deseaba, y todos perecieron por sus propias locuras.

Comiéronse las vacas del Sol, hijo de Hiperión; el cual no permitió que les llegara el día del regreso. Con el transcurso de los años llegó por fin la época en que los dioses habían decretado que volviese á su patria, á Ítaca, aunque no por eso debía poner fin á sus trabajos, ni siquiera después de juntarse con los suyos.

Y todos los dioses le compadecían, á excepción de Neptuno, que permaneció constantemente airado contra el divinal Ulises hasta que el héroe no arribó á su tierra.

Mientras aquél se deleitaba presenciando el festín, congregáronse las otras deidades en el palacio de Júpiter Olímpico.

Y fué el primero en usar de la palabra el padre de los hombres y de los dioses, porque en su ánimo tenía presente al ilustre Egisto á quien matara el preclaro Orestes Agamemnónida.

Acordándose de él, habló á los inmortales de esta manera:. Dicen que las cosas malas les vienen de nosotros, y son ellos quienes se atraen con sus locuras infortunios no decretados por el destino.

Así ocurrió con Egisto, que, oponiéndose á la voluntad del hado, casó con la mujer legítima del Atrida y mató á este héroe cuando tornaba á su patria, no obstante que supo la terrible muerte que padecería luego.

Nosotros mismos le habíamos enviado á Mercurio, el vigilante Argicida, con el fin de advertirle que no matase á aquél, ni pretendiera á su esposa; pues Orestes Atrida tenía que tomar venganza no bien llegara á la juventud y sintiese el deseo de volver á su tierra.

Así se lo declaró Mercurio; mas no logró persuadirlo, con ser tan excelente el consejo, y ahora Egisto lo ha pagado todo junto. Aquél yace en la tumba por haber padecido una muerte muy justificada.

Pero se me quiebra el corazón por el prudente y desgraciado Ulises, que, mucho tiempo ha, padece penas lejos de los suyos, en una isla azotada por las olas, en el centro del mar; isla poblada de árboles, en la cual tiene su mansión una diosa, la hija del terrible Atlante, de aquél que conoce todas las profundidades del ponto y sostiene las grandes columnas que [p.

La hija de este dios retiene al infortunado y afligido Ulises, no cejando en su propósito de embelesarle con tiernas y seductoras palabras para que olvide á Ítaca; mas el héroe, que está deseoso de ver el humo de su país natal, ya de morir siente anhelos.

Pero Neptuno, que ciñe la tierra, le guarda vivo y constante rencor porque cegó al ciclope, al deiforme Polifemo; que es el más fuerte de todos los ciclopes y nació de la ninfa Toosa, hija de Forcis que impera en el mar estéril, después que ésta se ayuntara con Neptuno en honda cueva.

Desde entonces Neptuno, que sacude la tierra, si bien no se ha propuesto matar á Ulises, hace que vaya errante lejos de su patria. Mas, ea, tratemos de la vuelta del mismo y del modo como haya de llegar á su patria; y Neptuno depondrá la cólera, que no le fuera posible contender, solo y contra la voluntad de los dioses, con los inmortales todos.

Si les place á los bienaventurados dioses que el prudente Ulises vuelva á su casa, mandemos á Mercurio, el mensajero Argicida, á la isla Ogigia; y manifieste cuanto antes á la ninfa de hermosas trenzas la resolución que hemos tomado, para que el héroe se ponga en camino.

Yo, en tanto, yéndome á Ítaca, instigaré vivamente á su hijo, y le infundiré valor en el pecho para que llame al ágora á los aqueos de larga cabellera y prohiba la entrada en el palacio á todos los pretendientes, que de continuo le degüellan muchísimas ovejas y flexípedes bueyes de retorcidos cuernos.

Y le llevaré después á Esparta y á la arenosa Pilos para que, preguntando y viendo si puede adquirir noticias de su padre, consiga ganar honrosa fama entre los hombres. Descendió presurosa de las cumbres del Olimpo y, encaminándose al pueblo de Ítaca, detúvose en el vestíbulo de la morada de Ulises, en el umbral que precedía al patio: Minerva empuñaba la broncínea lanza y había tomado la figura de un extranjero, de Mentes, rey de los tafios.

Halló á los soberbios pretendientes; que para recrear el ánimo jugaban á los dados ante la puerta de la casa, sentados sobre cueros de bueyes que ellos mismos mataran.

Varios heraldos y diligentes servidores mezclábanles vino y agua en las crateras; y otros limpiaban las mesas con esponjas de muchos ojos, colocábanlas en su sitio, y trinchaban carne en abundancia. Tales cosas meditaba, sentado con los pretendientes, cuando vió á Minerva.

Á la hora fuése derecho al vestíbulo, muy indignado en su corazón de que un huésped tuviese que esperar tanto tiempo en la puerta, asió por la mano á la diosa, tomóle la broncínea lanza y le dijo estas aladas palabras:. Entre nosotros has de recibir amistoso acogimiento.

Y después que hayas comido, nos dirás si necesitas algo. Ya en el interior del excelso palacio, Telémaco arrimó la lanza á una alta columna, metiéndola en la pulimentada lancera donde había muchas lanzas del paciente Ulises; hizo sentar á la diosa en un sillón, después de tender en el suelo linda alfombra bordada y de colocar el escabel para los pies, y acercó para sí una labrada silla; poniéndolo todo aparte de los pretendientes para que al huésped no le desplaciera la comida, molestado por el tumulto de aquellos varones soberbios, y él, á su vez, pudiera interrogarle sobre su padre ausente.

Una esclava les dió aguamanos, que traía en magnífico jarro de oro y vertió en fuente de plata, y les puso delante una pulimentada mesa. La veneranda despensera trájoles pan y dejó en la mesa buen número de manjares, obsequiándoles con los que tenía reservados. El trinchante sirvióles platos de carne de todas suertes y colocó á su vera áureas copas.

Y un heraldo se acercaba á menudo para escanciarles vino. Apenas se [p. Satisfechas las ganas de comer y de beber, ocupáronles el pensamiento otras cosas: el canto y el baile, que son los ornamentos del convite. Un heraldo puso la bellísima cítara en las manos de Femio, á quien obligaban á cantar ante los pretendientes.

Y mientras Femio comenzaba al son de la cítara un hermoso canto, Telémaco dijo estas razones á Minerva, la de los brillantes ojos, después de aproximar su cabeza á la deidad para que los demás no se enteraran:. Éstos sólo se ocupan en cosas tales como la cítara y el canto; y nada les cuesta, pues devoran impunemente la hacienda de otro, la de un varón cuyos blancos huesos se pudren en el continente por la acción de la lluvia ó los revuelven las olas en el seno del mar.

Si le vieran aportar á Ítaca, preferirían tener los pies ligeros á ser ricos de oro y de vestidos. Mas aquél ya murió, víctima de su aciago destino, y no hay que esperar en su tornada, aunque alguno de los hombres terrestres afirme que aún ha de volver: el día de su regreso no amanecerá jamás.

Pero, ea, habla y responde sinceramente: ¿Quién eres y de qué país procedes? Pues no me figuro que hayas venido andando. Dime también la verdad de esto para que me entere: ¿Vienes ahora por vez primera ó has sido huésped de mi padre? Que son muchos los que conocen nuestra casa, porque Ulises acostumbraba visitar á los demás hombres.

Me jacto de ser Mentes, hijo del belicoso Anquíalo, y de reinar sobre los tafios, amantes de manejar los remos. He llegado en mi galera, con mi gente, pues navego por el vinoso ponto hacia unos hombres que hablan otro lenguaje: voy á Témesa para traer bronce, llevándoles luciente hierro.

Anclé la embarcación cerca del campo, antes de llegar á la ciudad, en el puerto Retro que está al pie del selvoso Neyo.

Nos cabe la honra de que ya nuestros progenitores se daban mutua hospitalidad desde muy antiguo, como se lo puedes preguntar al héroe Laertes; el cual, según me han dicho, ya no viene á la población, sino que mora en el campo, atorméntanle los pesares, y tiene una anciana esclava [p.

Vine porque me aseguraron que tu padre estaba de vuelta en la población, mas sin duda lo impiden las deidades, poniendo obstáculos á su retorno; que el divinal Ulises no desapareció aún de la fértil tierra, pues vive y está detenido en el vasto ponto, en una isla que surge de entre las olas, desde que cayó en poder de hombres crueles y salvajes que lo retienen á su despecho.

Voy ahora á predecir lo que ha de suceder, según los dioses me lo inspiran en el ánimo y yo creo que ha de verificarse porque no soy adivino ni hábil intérprete de sueños: Aquél no estará largo tiempo fuera de su patria, aunque lo sujeten férreas vínculos; antes hallará algún medio para volver, ya que es ingenioso en sumo grado.

Mas, ea, habla y dime con sinceridad si eres el hijo del propio Ulises. Es extraordinario tu parecido en la cabeza y en los bellos ojos con Ulises; y bien lo recuerdo, pues nos reuníamos á menudo antes de que se embarcara para Troya, adonde fueron los príncipes argivos en las cóncavas naos.

Desde entonces ni yo le he visto, ni él á mí. Mi madre afirma que soy hijo de aquél, y no sé más; que nadie consiguió conocer por sí su propio linaje. Mas, ea, habla y dime con franqueza: ¿Qué comida, qué reunión es ésta, y qué necesidad tienes de darla? que no nos hallamos evidentemente en un festín á escote.

Paréceme que los que comen en el palacio con tal arrogancia ultrajan á alguien; pues cualquier hombre sensato se indignaría al presenciar sus muchas torpezas. Ya que tales cosas preguntas é inquieres, sabe que esta casa hubo de ser opulenta y respetada en cuanto aquel varón permaneció en el pueblo.

Cambió después la voluntad de los dioses, quienes, maquinando males, han hecho de Ulises el más ignorado de todos los hombres; que yo no me afligiera de tal suerte, si acabara la vida entre sus compañeros, en el país de Troya, ó en brazos de sus amigos luego que terminó la guerra, pues entonces todos los aqueos le habrían erigido un túmulo [p.

Ahora desapareció sin fama, arrebatado por las Harpías; su muerte fué oculta é ignota; y tan sólo me dejó pesares y llanto. Y no me lamento y gimo únicamente por él, que los dioses me han enviado otras funestas calamidades.

Cuantos próceres mandan en las islas, en Duliquio, en Same y en la selvosa Zacinto, y cuantos imperan en la áspera Ítaca, todos pretenden á mi madre y arruinan nuestra casa. Mi madre ni rechaza las odiosas nupcias, ni sabe poner fin á tales cosas; y aquellos comen y agotan mi hacienda, y pronto acabarán conmigo mismo.

Si tornara y apareciera ante el portal de esta casa, con su yelmo, su escudo y sus dos lanzas, como la primera vez que le vi en la mía, bebiendo y recreándose, cuando volvió de Éfira, del palacio de Ilo Mermérida—fué allá en su velera nave por un veneno mortal con que pudiese teñir las broncíneas flechas; pero Ilo, temeroso de los sempiternos dioses, no se lo proporcionó y entregóselo mi padre que le quería muchísimo—si, pues, mostrándose tal, se encontrara Ulises con los pretendientes, fuera corta la vida de éstos y bien amargas sus nupcias.

Mas está puesto en mano de los dioses si ha de volver y tomar venganza en su palacio, y te exhorto á que desde luego medites cómo arrojarás de aquí á los pretendientes. Óyeme, si te place, y presta atención á mis palabras. Mañana convoca en el ágora á los héroes aqueos, háblales á todos y sean testigos las propias deidades.

Intima á los pretendientes que se separen, yéndose á sus casas; y si á tu madre el ánimo la mueve á casarse, vuelva al palacio de su muy poderoso padre y allí le dispondrán las nupcias y le aparejarán una dote tan cuantiosa como debe llevar una hija amada.

También á ti te daré un prudente consejo, por si te decidieras á seguirlo: Apresta la mejor embarcación que hallares, con veinte remeros; ve á preguntar por tu padre, cuya ausencia se hace ya tan larga, y quizás algún mortal te hablará del mismo ó llegará á tus oídos la fama que procede de Júpiter y es la que más difunde la gloria de los hombres.

Trasládate primeramente á Pilos é interroga al divinal Néstor; y desde allí endereza los pasos á Esparta, al rubio Menelao, que ha llegado el postrero de los argivos de broncíneas lorigas. Si oyeres decir que tu padre vive y ha de volver, súfrelo todo un año más, aunque estés afligido; pero si te participaren que ha muerto y ya no existe, retorna sin dilación á la patria, erígele un túmulo, hazle las muchas exequias que se le deben, y búscale á [p.

Y así que hayas realizado y llevado á cumplimiento todas estas cosas, medita en tu mente y en tu corazón cómo matarás á los pretendientes en el palacio: si con dolo ó á la descubierta; porque es preciso que no andes en niñerías, que ya no tienes edad para ello.

También tú, amigo, ya que veo que eres gallardo y de elevada estatura, sé fuerte para que los venideros te elogien. Y yo me voy hacia la velera nave y los amigos que ya deben de estar cansados de esperarme. Cuida de hacer cuanto te dije y acuérdate de mis consejos.

Pero, ea, aguarda un poco, aunque tengas prisa por irte, y después que te bañes y deleites tu corazón, volverás alegremente á tu nave, llevándote un regalo precioso, muy bello, para guardarlo como presente mío, que tal es la costumbre que suele seguirse con los huéspedes amados.

El regalo con que tu corazón quiere obsequiarme, me lo entregarás á la vuelta para que me lo lleve á mi casa: escógelo muy hermoso y será justo que te lo recompense con otro semejante. Telémaco, considerando en su mente lo ocurrido, quedóse atónito, porque ya sospechó que había hablado con una deidad.

Y aquel varón, que parecía un dios, se apresuró á juntarse con los pretendientes. La discreta Penélope, hija de Icario, oyó de lo alto de la casa la divinal canción, que le llegaba al alma; y bajó por la larga escalera, pero no sola, pues la acompañaban dos esclavas.

Cuando la divina entre las mujeres llegó adonde estaban los pretendientes, detúvose cabe á la columna que sostenía el techo sólidamente construído, con las mejillas cubiertas por espléndido velo y una honrada doncella á cada lado.

Y arrasándosele los ojos de lágrimas, hablóle así al divinal aedo:. Pues que sabes otras muchas hazañas de hombres y de dioses, que recrean á los mortales y son celebradas por los aedos, cántales alguna de las mismas sentado ahí, en el centro, y oíganla todos silenciosamente y bebiendo vino; pero deja ese canto triste que me angustia el corazón en el pecho, ya que se apodera de mí un pesar grandísimo.

No son los aedos los culpables, sino Júpiter que distribuye sus presentes á los varones de ingenio del modo que le place. No ha de increparse á Femio porque canta la suerte aciaga de los dánaos, pues los hombres alaban con preferencia el canto más nuevo que llega á sus oídos.

Resígnate en tu corazón y en tu ánimo á oir ese canto, ya que no fué Ulises el único que perdió en Troya la esperanza de volver; hubo otros muchos que también perecieron. Mas, vuelve ya á tu habitación, ocúpate en las labores que te son propias, el telar y la rueca, y ordena á las esclavas que se apliquen al trabajo; y de hablar nos cuidaremos los hombres y principalmente yo, cuyo es el mando en esta casa.

Y así que hubo subido con las esclavas á lo alto de la casa, echóse á llorar por Ulises, su caro consorte, hasta que Minerva, la de los brillantes ojos, le difundió en los párpados el dulce sueño.

Mas el prudente Telémaco comenzó á decirles:. Gocemos ahora del festín y cesen vuestros gritos; pues es muy hermoso escuchar á un aedo como éste, tan parecido por su voz á las propias deidades. Al romper el alba, nos reuniremos en el ágora para que yo os diga sin rebozo que salgáis del palacio: disponed otros festines y comeos vuestros bienes, convidándoos sucesiva y recíprocamente en vuestras casas.

Mas si os pareciere mejor y más acertado destruir impunemente los bienes de un solo hombre, seguid consumiéndolos; que yo invocaré á los sempiternos dioses, por si algún día nos concede Júpiter que vuestras obras sean castigadas, y quizás muráis en este palacio sin que nadie os vengue.

Son ciertamente los mismos dioses quienes te enseñan á ser grandílocuo y á arengar con audacia; mas no quiera el Saturnio que llegues á ser rey de Ítaca, rodeada por el mar, como te corresponde por el linaje de tu padre.

Es verdad que me gustaría serlo, si Júpiter me lo concediera. No es malo ser rey, porque la casa del mismo se enriquece pronto y su persona se ve más honrada. Pero muchos príncipes aquivos, entre jóvenes y ancianos, viven en Ítaca, rodeada por el mar: reine cualquiera de ellos, ya que murió el divinal Ulises, y yo seré señor de mi casa y de los esclavos que éste adquirió para mí como botín de guerra.

Está puesto en mano de los dioses cuál de los aqueos ha de ser el rey de Ítaca, rodeada por el mar; pero tú sigue disfrutando de tus bienes, manda en tu palacio, y jamás, mientras Ítaca sea habitada, venga hombre alguno á despojarte de los mismos contra tu querer.

Y ahora, óptimo Telémaco, deseo preguntarte por el huésped. Dado su aspecto no debe de ser un miserable. Ya se acabó la esperanza del regreso de mi padre; y no doy fe á las noticias, vengan de donde vinieren, ni me curo de las predicciones que haga un adivino á quien mi madre llame é interrogue en el palacio.

Este huésped mío lo era ya de mi padre y viene de Tafos: se precia de ser Mentes, hijo del belicoso Anquíalo y reina sobre los tafios, amantes de manejar los remos.

Volvieron á solazarse los pretendientes con la danza y el canto. Volvieron los pretendientes á solazarse con la danza y el deleitoso canto, y así esperaban que llegase la obscura noche.

Sobrevino ésta cuando aún se divertían, y entonces partieron y se acostaron en sus casas. Telémaco subió al elevado aposento que para [p.

Acompañábale, con teas encendidas en la mano, Euriclea, hija de Ops Pisenórida, la de castos pensamientos; á la cual comprara Laertes en otra época, apenas llegada á la pubertad, por el precio de veinte bueyes; y en el palacio la honró como á una casta esposa, pero jamás se acostó con ella á fin de que su mujer no se irritase.

Aquélla, pues, alumbraba á Telémaco con teas encendidas, por ser la esclava que más le amaba y la que le había criado desde niño; y, en llegando, abrió la puerta de la habitación sólidamente construída. Telémaco se sentó en la cama, desnudóse la delicada túnica y diósela en las manos á la prudente anciana; la cual, después de componer los pliegues, la colgó de un clavo que había junto al torneado lecho, y de seguida salió de la estancia, entornó la puerta, tirando del anillo de plata, y echó el cerrojo por medio de una correa.

Y Telémaco, bien cubierto de un vellón de oveja, pensó toda la noche en el viaje que Minerva le había aconsejado. Los pretendientes sorprenden á Penélope cuando está destejiendo la finísima tela.

En seguida mandó que los heraldos, de voz sonora, llamaran al ágora á los aqueos de larga cabellera. Hízose el pregón y empezaron á reunirse muy prestamente. Y así que hubieron acudido y estuvieron congregados, Telémaco se fué al ágora con la broncínea lanza en la mano y dos perros de ágiles pies que le seguían, adornándolo Minerva con tal gracia divinal que al verle llegar todo el pueblo le contemplaba con asombro, y se sentó en la silla de su padre pues le hicieron lugar los ancianos.

Un hijo suyo muy [p. Otros tres tenía el anciano—uno, Eurínomo, hallábase con los pretendientes, y los demás cuidaban los campos de su padre—mas no por eso se había olvidado de Ántifo y por él lloraba y se afligía.

Egiptio, pues, les arengó, derramando lágrimas, y les dijo de esta suerte:. Ni una sola vez fué convocada nuestra ágora, ni en ella tuvimos sesión, desde que el divinal Ulises partió en las cóncavas naves.

Paréceme que debe de ser un varón honrado y proficuo. Cúmplale Júpiter, llevándolo á feliz término, lo que en su espíritu revuelve. Holgóse del presagio el dilecto hijo de Ulises, que ya no permaneció mucho tiempo sentado: deseoso de arengarles, se levantó en medio del ágora y el heraldo Pisenor, que sabía dar prudentes consejos, le puso el cetro en la mano.

Telémaco, dirigiéndose primeramente al viejo, se expresó de esta guisa:. No está lejos ese hombre y ahora sabrás que quien ha reunido el pueblo soy yo, que me hallo sumamente afligido. Ninguna noticia recibí de la vuelta del ejército, para que pueda manifestaros públicamente lo que haya sabido antes que otros, y tampoco quiero exponer ni decir cosa alguna que interese al pueblo: trátase de un asunto particular mío, de la doble cuita que se entró por mi casa.

La una es que perdí á mi excelente progenitor, el cual reinaba sobre vosotros con la suavidad de un padre; la otra, la actual, de más importancia todavía, pronto destruirá mi casa y acabará con toda mi hacienda.

Los pretendientes de mi madre, hijos queridos de los varones más señalados de este país, la asedian á pesar suyo y no se atreven á encaminarse á la casa de Icario, su padre, para que la dote y la entregue al que él quiera y á ella le plazca; sino que, viniendo todos los días á nuestra morada, nos degüellan los bueyes, las ovejas y las pingües cabras, celebran banquetes, beben locamente el vino tinto y así se consumen muchas cosas, porque no tenemos un hombre como Ulises, que fuera capaz de librar á nuestra casa de tal ruina.

No me encuentro yo en disposición de reali [p. Participad vosotros de mi indignación, sentid vergüenza ante los vecinos circunstantes y temed que os persiga la cólera de los dioses, irritados por las malas obras. Os lo ruego por Júpiter Olímpico y por Temis, la cual disuelve y reúne las ágoras de los hombres: no prosigáis, amigos; dejad que padezca á solas la triste pena; á no ser que mi padre, el excelente Ulises, haya querido mal y causado daño á los aqueos de hermosas grebas y vosotros ahora, para vengaros en mí, me queráis mal y me causéis daño, incitando á éstos.

Mejor fuera que todos juntos devorarais mis inmuebles y mis rebaños, que si tal hicierais quizás algún día se pagaran, pues iría por la ciudad reconviniéndoos con palabras y reclamándoos los bienes hasta que todos me fuesen devueltos.

Mas ahora las penas que á mi corazón inferís son incurables. Movióse á piedad el pueblo, y todos callaron; sin que nadie se atreviese á contestar á Telémaco con ásperas palabras, salvo Antínoo, que respondió diciendo:.

Tú deseas cubrirnos de baldón. Mas la culpa no la tienen los aqueos que pretenden á tu madre, sino ella, que sabe proceder con gran astucia. Tres años van con éste, y pronto llegará el cuarto, que se fisga del ánimo que los aquivos tienen en su pecho.

Á todos les da esperanzas, y á cada uno en particular le hace promesas y le envía mensajes; pero son muy diferentes los pensamientos que en su inteligencia revuelve. Y aún discurrió su espíritu este otro engaño: Se puso á tejer en el palacio una gran tela sutil é interminable, y á la hora nos habló de esta guisa: ¡Jóvenes, pretendientes míos!

Ya que ha muerto el divinal Ulises, aguardad, para instar mis bodas, que acabe este lienzo—no sea que se me pierdan inútilmente los hilos,—á fin de que tenga sudario el héroe Laertes en el momento fatal de la aterradora muerte.

Así dijo, y nuestro ánimo generoso se dejó persuadir. Desde aquel instante pasaba el día labrando la gran tela, y por la noche, tan luego como se alumbraba con las antorchas, deshacía lo tejido.

De esta suerte logró ocultar el engaño y que sus palabras fueran creídas por los aqueos [p. Así fué como, mal de su grado, se vió en la necesidad de acabarla. Oye, pues, lo que te responden los pretendientes, para que lo sepa tu espíritu y lo sepan también los aqueos todos.

Haz que tu madre vuelva á su casa, y ordénale que tome por esposo á quien su padre le aconseje y á ella le plazca. Y si atormentare largo tiempo á los aqueos, confiando en las dotes que Minerva le otorgó en tal abundancia—ser diestra en labores primorosas, gozar de buen juicio, y valerse de astucias que jamás hemos oído decir que conocieran las anteriores aquivas Tiro, Alcmena y Micene, la de hermosa diadema, pues ninguna concibió pensamientos semejantes á los de Penélope—no se habrá decidido por lo más conveniente, ya que tus bienes y riquezas serán devorados mientras siga con el propósito que los dioses le infundieron en el pecho.

Ella ganará ciertamente mucha fama, pero á ti te quedará tan sólo la añoranza de los copiosos bienes que hayas poseído; y nosotros ni tornaremos á nuestros negocios, ni nos llegaremos á otra parte, hasta que Penélope no se haya casado con alguno de los aqueos.

No es razón que eche de mi casa, contra su voluntad, á la que me dió el ser y me ha criado. Mi padre quizás esté vivo en otra tierra, quizás haya muerto; pero me será gravoso haber de restituir á Icario muchísimas cosas si voluntariamente le envío mi madre.

Y entonces no sólo padeceré infortunios á causa de la ausencia de mi padre, sino que los dioses me causarán otros; pues mi madre, al salir de la casa, imprecará las odiosas Furias, y caerá sobre mí la indignación de los hombres. Jamás, por consiguiente, daré yo semejante orden. Si os indigna el ánimo lo que ocurre, salid del palacio, disponed otros festines y comeos vuestros bienes, convidándoos sucesiva y recíprocamente en vuestras casas.

Pero si os parece mejor y más acertado destruir impunemente los bienes de un solo hombre, seguid consumiéndolos; que yo invocaré á los sempiternos dioses por si algún día nos concede Júpiter que vuestras obras sean castigadas, y quizás muráis en este palacio sin que nadie os vengue.

Ambas volaban muy juntas, con las alas extendidas, y tan rápidas como el viento; y al hallarse en medio de la ruidosa ágora, giraron ve [p. Quedáronse todos los presentes muy admirados de ver con sus propios ojos las susodichas aves, y meditaban en su espíritu qué fuera lo que tenía que suceder; cuando el anciano héroe Haliterses Mastórida, el único que se señalaba sobre los de su edad en conocer los augurios y explicar las cosas fatales, les arengó con benevolencia diciendo:.

Grande es el infortunio que á éstos les amenaza, porque Ulises no estará mucho tiempo alejado de los suyos, sino que ya quizás se halla cerca y les apareja á todos la muerte y el destino; y también les ha de venir daño á muchos de los que moran en Ítaca, que se ve de lejos.

Antes de que así ocurra, pensemos cómo les haríamos cesar de sus demasías, ó cesen espontáneamente, que fuera lo más provechoso para ellos mismos. Pues no lo vaticino sin saberlo, sino muy enterado; y os aseguro que al héroe se le ha cumplido todo lo que yo le declarara, cuando los argivos se embarcaron para Ilión y fuése con ellos el ingenioso Ulises.

Díjele entonces que, después de pasar muchos males y de perder sus compañeros, tornaría á su patria en el vigésimo año sin que nadie le conociera; y ahora todo se va cumpliendo. Vuelve á tu casa y adivínales á tus hijos lo que quieras, á fin de que en lo por venir no padezcan ningún daño; mas en estas cosas sé yo vaticinar harto mejor que tú mismo.

Muchas aves se mueven debajo de los rayos del sol, pero no todas son agoreras; Ulises murió lejos de nosotros, y tú debieras haber perecido con él, y así no dirías tantos vaticinios ni incitarías al irritado Telémaco, esperando que mande algún presente á tu casa. Lo que ahora voy á decir se cumplirá: si tú, que conoces muchas cosas antiquísimas, engañares con tus palabras á ese hombre más mozo y le incitares á que permanezca airado, primeramente será mayor su aflicción pues no por las predicciones le será dable proceder de otra suerte; y á ti, oh anciano, te impondremos una multa para que te duela el pagarla y te cause grave pesar.

Yo mismo, delante de todos vosotros, daré á Telémaco un consejo: ordene á su madre que torne á la casa paterna y allí le dispondrán las nupcias y le aparejarán una dote tan cuantiosa como debe llevar una hija amada. No creo que hasta entonces de [p. Sus bienes serán devorados de la peor manera, como hasta aquí, sin que jamás se le indemnice, en cuanto Penélope entretenga á los aqueos con diferir la boda.

Y nosotros, esperando día tras día, competiremos unos con otros por sus eximias prendas y no nos dirigiremos á otras mujeres que nos pudieran convenir para casarnos.

No os he de suplicar ni arengar más acerca de esto, porque ahora ya están enterados los dioses y los aqueos todos. Mas, ea, proporcionadme una embarcación muy velera y veinte compañeros que me abran camino acá y allá del ponto.

Iré á Esparta y á la arenosa Pilos á preguntar por el regreso de mi padre, cuya ausencia se hace ya tan larga; y quizás algún mortal me hablará del mismo ó llegará á mis oídos la fama que procede de Júpiter y es la que más difunde la gloria de los hombres.

Si oyere decir que mi padre vive y ha de volver, lo sufriré todo un año más, aunque estoy afligido; pero si me participaren que ha muerto y ya no existe, retornaré sin dilación á la patria, le erigiré un túmulo, le haré las muchas exequias que se le deben, y á mi madre le buscaré un esposo.

Entonces levantóse Méntor, el amigo del preclaro Ulises—éste, al embarcarse, le había encomendado su casa entera para que los suyos obedeciesen al anciano y él se lo guardara todo y lo mantuviese en pie—y benévolo les arengó del siguiente modo:.

Ningún rey que empuñe cetro, sea benigno, ni blando, ni suave, ni ocupe la mente en cosas justas; antes, al contrario, obre siempre con crueldad y lleve al cabo acciones nefandas; ya que nadie se acuerda del divinal Ulises entre los ciudadanos sobre los cuales reinaba con la suavidad de un padre.

Y no aborrezco tanto á los orgullosos pretendientes por la violencia con que proceden, llevados de sus malos propósitos,—pues si devoran la casa de Ulises, ponen á ventura sus cabezas y creen que el héroe ya no ha de volver,—como me indigno contra la restante población, al contemplar que permanecéis sentados y en silencio, sin que intentéis, sin embargo de ser tantos, refrenar con vuestras palabras á los pretendientes que son pocos.

Dificultoso les sería y hasta á un número mayor de hombres, luchar con nosotros para privarnos de los banquetes.

Pues si el mismo Ulises de Ítaca, viniendo en persona, encontrase á los ilustres pretendientes comiendo en el palacio y resolviera en su corazón echarlos de su casa, no se alegraría su esposa de que hubiese vuelto, aunque mucho lo desea, porque allí mismo recibiría el héroe indigna muerte si osaba combatir con tantos varones.

En verdad que no has hablado como debías. También en la Antigüedad se discutía acerca de la relación cronológica entre Homero y Hesíodo. Jenófanes y Filócoro pertenecían al grupo de los autores que situaban a Homero con anterioridad a Hesíodo. Con anterioridad a Heródoto, hubo otros autores que citaron a Homero: Heráclito , Teágenes de Regio , Píndaro , Semónides y Jenófanes.

Además, Heródoto recoge la noticia de que el tirano Clístenes había prohibido a los rapsodas competir en Sición a causa de los poemas homéricos, pues estos celebraban continuamente a Argos y a los argivos. Sin embargo, esta última alusión es posible que se refiriera al ciclo tebano y no a la Ilíada ni a la Odisea.

La mayoría de los historiadores sitúa la figura de Homero en el siglo VIII a. El hallazgo de una inscripción relacionada con un pasaje de la Ilíada en una vasija de Isquia conocida como la Copa de Néstor , datada hacia el año a.

Algunos fragmentos de cerámica del siglo VII a. que representan un cíclope cegado por Odiseo suelen interpretarse como influidos directamente por la Odisea. Hay otras obras de poesía arcaica que han sido interpretadas como influidas por Homero, como un poema de Alceo de Mitilene que alude a la cólera de Aquiles y un poema de Estesícoro en el que Helena se dirige a Telémaco para anunciarle que Atenea ha dispuesto su regreso.

Algunos investigadores defienden que los poemas homéricos fueron puestos por escrito en el siglo VII a. Arguyen que de la referencia que hay en la Ilíada a la ciudad de Tebas de Egipto se deduce que este pasaje fue escrito tras la conquista de esta ciudad por el rey asirio Asurbanipal.

Además, algunos pasajes parecen referirse a tácticas hoplitas que se cree que tuvieron su origen en ese siglo. No creen que la redacción de los poemas fuera posterior, porque consideran que hay suficientes referencias iconográficas y literarias para sostener que antes del siglo VI a. ya se conocían los poemas homéricos por escrito.

Hay una corriente de investigadores que sostiene, en cambio, la hipótesis de que los poemas homéricos se pusieron por escrito a partir del siglo VI a. Creen que las coincidencias de temas entre los poemas homéricos y otros fragmentos literarios o iconográficos anteriores solo indican que ambos bebieron de las mismas fuentes orales.

Además, hay algunos testimonios antiguos, como un pasaje de Flavio Josefo , que defendían que Homero no había dejado escritos. Esta postura es criticada por los defensores de la redacción escrita de los poemas en el siglo VIII , puesto que creen que supone confundir la composición escrita de los poemas con la manipulación que sufrieron al ser puestos por escrito en la época de Pisístrato.

En contra de las tesis de Wolf ya se manifestó Ulrich von Wilamowitz , en un estudio realizado en , en el que señalaba que la versión ateniense de los poemas homéricos se había impuesto a las demás. Se denomina cuestión homérica a una serie de incógnitas planteadas en torno a los poemas homéricos.

Dos de los interrogantes más debatidos son quién o quiénes fueron sus autores y de qué modo fueron elaborados. Los investigadores están generalmente de acuerdo en que la Ilíada y la Odisea sufrieron un proceso de fijación y refinamiento a partir de material más antiguo en el siglo VIII a.

Un papel importante en esta fijación parece que correspondió al tirano ateniense Hiparco , quien reformó la recitación de la poesía homérica en la festividad Panatenea. Muchos clasicistas sostienen que esta reforma implicó la confección de una versión canónica escrita.

En la Antigüedad, durante el periodo helenístico , los filólogos alejandrinos Jenón y Helánico llegaron a la conclusión, a partir de las diferencias y contradicciones de todo tipo que hallaron entre la Ilíada y la Odisea , de que solo la primera de estas epopeyas fue compuesta por Homero, por lo que fueron llamados «corizontes» o «separadores».

Su opinión fue rechazada por otros filólogos alejandrinos como Aristarco de Samotracia , Zenódoto de Éfeso y Aristófanes de Bizancio.

En época moderna, la filología homérica ha mantenido diferentes puntos de vista que se han agrupado en distintas tendencias o escuelas:.

La escuela analítica ha tratado de demostrar la falta de unidad existente en los poemas homéricos. Los analistas defienden la intervención de varias manos distintas en la elaboración de cada uno de los poemas homéricos, que además serían producto de la recopilación de pequeñas composiciones populares preexistentes.

Posteriormente, una escuela denominada neoanalítica ha interpretado los poemas homéricos como resultado de la obra de un poeta a la vez recopilador y creador. Frente a ellos se halla un punto de vista unitario que sostiene que cada uno de los poemas homéricos tiene una concepción global y una inspiración creativa que impide que puedan ser resultado de una compilación de poemas menores.

Homer: Who Was She? Samuel Butler era más específico, y consideraba que una joven mujer siciliana habría sido la autora de la Odisea — pero no de la Ilíada —, idea con la que especularía Robert Graves en su novela La hija de Homero Homer's Daughter.

Es objeto de debate el modo en el que los poemas homéricos fueron elaborados y cuándo podrían haber tomado una forma escrita fija.

La mayoría de los clasicistas está de acuerdo en que, independientemente de que hubiera un Homero individual o no, los poemas homéricos son el producto de una tradición oral transmitida durante varias generaciones, que era la herencia colectiva de muchos cantantes-poetas, aoidoi.

Un análisis de la estructura y el vocabulario de ambas obras muestra que los poemas contienen frases repetidas regularmente, incluyendo la repetición de versos completos. Milman Parry y Albert Lord señalaron que una tradición oral tan elaborada, ajena a las culturas literarias actuales, es típica de la poesía épica en una cultura exclusivamente oral.

Parry afirmó que los trozos de lenguaje repetitivo fueron heredados por el cantante-poeta de sus predecesores y eran útiles para el poeta al componer.

Parry llamó «fórmulas» a estos trozos de lenguaje repetitivo. o antes. Homero concebía un mundo que estaba completamente rodeado por Océano , el cual era considerado padre de todos los ríos, mares, fuentes y pozos. El estudio de las menciones geográficas en la Ilíada desvela que el autor conocía detalles muy precisos de la actual costa turca y, en particular, de Samotracia y del río Caístro , cerca de Éfeso.

En cambio, las referencias a la península griega, con excepción de la pormenorizada enumeración de lugares del Catálogo de naves , son escasas y ambiguas. Todo esto indicaría que, de haber sido Homero una persona concreta, se trataría de un autor griego natural de la zona occidental de Asia Menor o de alguna de las islas próximas a ella.

El citado Catálogo de naves , que es la enumeración de los ejércitos de la coalición aquea , recoge un total de nombres de lugar agrupados en 29 contingentes distintos. Se trata de un catálogo del que muchos nombres de lugares ya no podían ser reconocidos por los geógrafos griegos posteriores a Homero, pero en el que no se ha podido demostrar ninguna localización errónea.

En la Odisea , Homero menciona una serie de lugares en la parte que trata de las aventuras marinas de Odiseo de los que la mayoría de los historiadores sostiene que se trata de lugares puramente fabulosos, a pesar de que la tradición posterior trató de encontrar localizaciones precisas de ellos.

En la Biblioteca mitológica de Apolodoro , se señala que:. Otro aspecto controvertido de la geografía homérica ha sido la localización de la isla de Ítaca , patria de Odiseo, puesto que algunas de las descripciones de ella que aparecen en la Odisea no parecen corresponderse con la isla de Ítaca actual.

Homero describe una sociedad basada en el caudillaje ; se trata de una sociedad guerrera en la que cada región tenía una autoridad suprema que habitualmente era hereditaria.

Cada caudillo tenía un séquito personal formado por personas que guardaban un alto grado de lealtad. Disfrutaban de una serie de privilegios: las mejores partes en la distribución de botines y la propiedad de un dominio.

Tenían una única esposa, pero podían tener numerosas concubinas , aunque hay un caso en el que Homero presenta una situación de poligamia : la del rey troyano Príamo. Las decisiones políticas eran discutidas en un consejo formado por el caudillo y los jefes locales y luego eran comunicadas en la asamblea del pueblo.

Los caudillos también tenían la función de presidir los sacrificios ofrecidos a los dioses. Homero describe un tribunal de justicia que juzgaba los delitos, aunque a veces las familias de los implicados podían llegar a un acuerdo privado que sirviera como compensación por el delito cometido, incluso en caso de homicidio.

En las relaciones exteriores era importante la hospitalidad, que era una relación en la que los caudillos estaban obligados a ofrecerse mutuamente alojamiento y ayuda cuando uno de ellos o un embajador suyo viajara al territorio del otro. Entre los hombres libres citados se encuentran los thètes o siervos, que eran trabajadores libres cuya supervivencia dependía de un escaso salario.

También se nombran los demiurgos, que eran profesionales que tenían una función pública, tales como artesanos, heraldos , adivinos, médicos y aedos. La esclavitud también era práctica aceptada en la sociedad descrita por Homero. Los esclavos solían tomarse entre prisioneros de guerra, o bien en expediciones de pillaje.

Se citan ejemplos de compraventa de esclavos y de personas que ya habían nacido siendo esclavas. Los amos a veces recompensaban a sus esclavos concediéndoles tierras o una casa. Se cita la posibilidad de que una esclava pudiera acabar convirtiéndose en la legítima esposa de su señor.

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ODISEO: La Historia Completa del Astuto Héroe Griego Escila y Caribdis. Ninguna noticia Maestro de la Gran Odisea de la vuelta del ejército, para que ed manifestaros públicamente lo que Odisez sabido antes que fe, y lq quiero Control Gastos Juegos ni Juegos de Póker Virtuales cosa alguna que interese al pueblo: trátase de ce asunto particular Regalos Express Exclusivos, de la doble cuita que se entró por mi casa. Su mujer, Penélope, es el símbolo de la fidelidad. Para otros usos de este término, véase Odisea desambiguación. Yo mismo, delante de todos vosotros, daré á Telémaco un consejo: ordene á su madre que torne á la casa paterna y allí le dispondrán las nupcias y le aparejarán una dote tan cuantiosa como debe llevar una hija amada. Los pretendientes sorprenden á Penélope cuando está destejiendo la finísima tela.

Maestro de la Gran Odisea - Missing La Odisea narra la historia del héroe griego Odiseo, Ulises, el viaje de regreso a su reino de Ítaca donde le esperan su esposa Penélope Las andanzas y aventuras de Odiseo, vividas en el lapso de diez años que duró su regreso al hogar tras una activa participación en la guerra de Troya Además de la Ilíada y la Odisea, a Homero se le atribuyeron otros poemas, como la épica menor cómica Batracomiomaquia (La guerra de las ranas y los ratones), el

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Ciencias Humanas Filosofía Historia de la filosofía. La vida humana es un don, pero también una tarea. Para fructificar, la vida humana tiene que plantarse y cultivarse. Ahora bien, nadie puede cultivarse y fructificar solo, ningún hombre es un sujeto aislado.

Esto supone que necesito de otros para crecer y dar fruto. En este libro queremos ofrecer a los maestros una reflexión sobre su hermosa vocación y tarea de ser autores de los niños que se les confían.

Ver más. Ficha técnica. Nº de páginas: Escrito por Veronica Fernandez Es filóloga, guionista y novelista. Como escritora de guiones ha ganado un Goya por la película El bola, dirigida por Achero Mañas.

Además, también ha participado en las series Cuéntame, Hospital central y El comisario. Tiene publicadas dos novelas junto con Yolanda García Serrano: De qué va eso del amor, editada por Destino Premio Destino guión , y Descalza por la vida, de la editorial Roca.

Cambió después la voluntad de los dioses, quienes, maquinando males, han hecho de Ulises el más ignorado de todos los hombres; que yo no me afligiera de tal suerte, si acabara la vida entre sus compañeros, en el país de Troya, ó en brazos de sus amigos luego que terminó la guerra, pues entonces todos los aqueos le habrían erigido un túmulo [p.

Ahora desapareció sin fama, arrebatado por las Harpías; su muerte fué oculta é ignota; y tan sólo me dejó pesares y llanto. Y no me lamento y gimo únicamente por él, que los dioses me han enviado otras funestas calamidades.

Cuantos próceres mandan en las islas, en Duliquio, en Same y en la selvosa Zacinto, y cuantos imperan en la áspera Ítaca, todos pretenden á mi madre y arruinan nuestra casa. Mi madre ni rechaza las odiosas nupcias, ni sabe poner fin á tales cosas; y aquellos comen y agotan mi hacienda, y pronto acabarán conmigo mismo.

Si tornara y apareciera ante el portal de esta casa, con su yelmo, su escudo y sus dos lanzas, como la primera vez que le vi en la mía, bebiendo y recreándose, cuando volvió de Éfira, del palacio de Ilo Mermérida—fué allá en su velera nave por un veneno mortal con que pudiese teñir las broncíneas flechas; pero Ilo, temeroso de los sempiternos dioses, no se lo proporcionó y entregóselo mi padre que le quería muchísimo—si, pues, mostrándose tal, se encontrara Ulises con los pretendientes, fuera corta la vida de éstos y bien amargas sus nupcias.

Mas está puesto en mano de los dioses si ha de volver y tomar venganza en su palacio, y te exhorto á que desde luego medites cómo arrojarás de aquí á los pretendientes. Óyeme, si te place, y presta atención á mis palabras. Mañana convoca en el ágora á los héroes aqueos, háblales á todos y sean testigos las propias deidades.

Intima á los pretendientes que se separen, yéndose á sus casas; y si á tu madre el ánimo la mueve á casarse, vuelva al palacio de su muy poderoso padre y allí le dispondrán las nupcias y le aparejarán una dote tan cuantiosa como debe llevar una hija amada.

También á ti te daré un prudente consejo, por si te decidieras á seguirlo: Apresta la mejor embarcación que hallares, con veinte remeros; ve á preguntar por tu padre, cuya ausencia se hace ya tan larga, y quizás algún mortal te hablará del mismo ó llegará á tus oídos la fama que procede de Júpiter y es la que más difunde la gloria de los hombres.

Trasládate primeramente á Pilos é interroga al divinal Néstor; y desde allí endereza los pasos á Esparta, al rubio Menelao, que ha llegado el postrero de los argivos de broncíneas lorigas. Si oyeres decir que tu padre vive y ha de volver, súfrelo todo un año más, aunque estés afligido; pero si te participaren que ha muerto y ya no existe, retorna sin dilación á la patria, erígele un túmulo, hazle las muchas exequias que se le deben, y búscale á [p.

Y así que hayas realizado y llevado á cumplimiento todas estas cosas, medita en tu mente y en tu corazón cómo matarás á los pretendientes en el palacio: si con dolo ó á la descubierta; porque es preciso que no andes en niñerías, que ya no tienes edad para ello. También tú, amigo, ya que veo que eres gallardo y de elevada estatura, sé fuerte para que los venideros te elogien.

Y yo me voy hacia la velera nave y los amigos que ya deben de estar cansados de esperarme. Cuida de hacer cuanto te dije y acuérdate de mis consejos.

Pero, ea, aguarda un poco, aunque tengas prisa por irte, y después que te bañes y deleites tu corazón, volverás alegremente á tu nave, llevándote un regalo precioso, muy bello, para guardarlo como presente mío, que tal es la costumbre que suele seguirse con los huéspedes amados.

El regalo con que tu corazón quiere obsequiarme, me lo entregarás á la vuelta para que me lo lleve á mi casa: escógelo muy hermoso y será justo que te lo recompense con otro semejante.

Telémaco, considerando en su mente lo ocurrido, quedóse atónito, porque ya sospechó que había hablado con una deidad. Y aquel varón, que parecía un dios, se apresuró á juntarse con los pretendientes.

La discreta Penélope, hija de Icario, oyó de lo alto de la casa la divinal canción, que le llegaba al alma; y bajó por la larga escalera, pero no sola, pues la acompañaban dos esclavas. Cuando la divina entre las mujeres llegó adonde estaban los pretendientes, detúvose cabe á la columna que sostenía el techo sólidamente construído, con las mejillas cubiertas por espléndido velo y una honrada doncella á cada lado.

Y arrasándosele los ojos de lágrimas, hablóle así al divinal aedo:. Pues que sabes otras muchas hazañas de hombres y de dioses, que recrean á los mortales y son celebradas por los aedos, cántales alguna de las mismas sentado ahí, en el centro, y oíganla todos silenciosamente y bebiendo vino; pero deja ese canto triste que me angustia el corazón en el pecho, ya que se apodera de mí un pesar grandísimo.

No son los aedos los culpables, sino Júpiter que distribuye sus presentes á los varones de ingenio del modo que le place. No ha de increparse á Femio porque canta la suerte aciaga de los dánaos, pues los hombres alaban con preferencia el canto más nuevo que llega á sus oídos.

Resígnate en tu corazón y en tu ánimo á oir ese canto, ya que no fué Ulises el único que perdió en Troya la esperanza de volver; hubo otros muchos que también perecieron. Mas, vuelve ya á tu habitación, ocúpate en las labores que te son propias, el telar y la rueca, y ordena á las esclavas que se apliquen al trabajo; y de hablar nos cuidaremos los hombres y principalmente yo, cuyo es el mando en esta casa.

Y así que hubo subido con las esclavas á lo alto de la casa, echóse á llorar por Ulises, su caro consorte, hasta que Minerva, la de los brillantes ojos, le difundió en los párpados el dulce sueño. Mas el prudente Telémaco comenzó á decirles:.

Gocemos ahora del festín y cesen vuestros gritos; pues es muy hermoso escuchar á un aedo como éste, tan parecido por su voz á las propias deidades. Al romper el alba, nos reuniremos en el ágora para que yo os diga sin rebozo que salgáis del palacio: disponed otros festines y comeos vuestros bienes, convidándoos sucesiva y recíprocamente en vuestras casas.

Mas si os pareciere mejor y más acertado destruir impunemente los bienes de un solo hombre, seguid consumiéndolos; que yo invocaré á los sempiternos dioses, por si algún día nos concede Júpiter que vuestras obras sean castigadas, y quizás muráis en este palacio sin que nadie os vengue.

Son ciertamente los mismos dioses quienes te enseñan á ser grandílocuo y á arengar con audacia; mas no quiera el Saturnio que llegues á ser rey de Ítaca, rodeada por el mar, como te corresponde por el linaje de tu padre.

Es verdad que me gustaría serlo, si Júpiter me lo concediera. No es malo ser rey, porque la casa del mismo se enriquece pronto y su persona se ve más honrada.

Pero muchos príncipes aquivos, entre jóvenes y ancianos, viven en Ítaca, rodeada por el mar: reine cualquiera de ellos, ya que murió el divinal Ulises, y yo seré señor de mi casa y de los esclavos que éste adquirió para mí como botín de guerra.

Está puesto en mano de los dioses cuál de los aqueos ha de ser el rey de Ítaca, rodeada por el mar; pero tú sigue disfrutando de tus bienes, manda en tu palacio, y jamás, mientras Ítaca sea habitada, venga hombre alguno á despojarte de los mismos contra tu querer.

Y ahora, óptimo Telémaco, deseo preguntarte por el huésped. Dado su aspecto no debe de ser un miserable. Ya se acabó la esperanza del regreso de mi padre; y no doy fe á las noticias, vengan de donde vinieren, ni me curo de las predicciones que haga un adivino á quien mi madre llame é interrogue en el palacio.

Este huésped mío lo era ya de mi padre y viene de Tafos: se precia de ser Mentes, hijo del belicoso Anquíalo y reina sobre los tafios, amantes de manejar los remos. Volvieron á solazarse los pretendientes con la danza y el canto. Volvieron los pretendientes á solazarse con la danza y el deleitoso canto, y así esperaban que llegase la obscura noche.

Sobrevino ésta cuando aún se divertían, y entonces partieron y se acostaron en sus casas. Telémaco subió al elevado aposento que para [p. Acompañábale, con teas encendidas en la mano, Euriclea, hija de Ops Pisenórida, la de castos pensamientos; á la cual comprara Laertes en otra época, apenas llegada á la pubertad, por el precio de veinte bueyes; y en el palacio la honró como á una casta esposa, pero jamás se acostó con ella á fin de que su mujer no se irritase.

Aquélla, pues, alumbraba á Telémaco con teas encendidas, por ser la esclava que más le amaba y la que le había criado desde niño; y, en llegando, abrió la puerta de la habitación sólidamente construída.

Telémaco se sentó en la cama, desnudóse la delicada túnica y diósela en las manos á la prudente anciana; la cual, después de componer los pliegues, la colgó de un clavo que había junto al torneado lecho, y de seguida salió de la estancia, entornó la puerta, tirando del anillo de plata, y echó el cerrojo por medio de una correa.

Y Telémaco, bien cubierto de un vellón de oveja, pensó toda la noche en el viaje que Minerva le había aconsejado. Los pretendientes sorprenden á Penélope cuando está destejiendo la finísima tela.

En seguida mandó que los heraldos, de voz sonora, llamaran al ágora á los aqueos de larga cabellera. Hízose el pregón y empezaron á reunirse muy prestamente. Y así que hubieron acudido y estuvieron congregados, Telémaco se fué al ágora con la broncínea lanza en la mano y dos perros de ágiles pies que le seguían, adornándolo Minerva con tal gracia divinal que al verle llegar todo el pueblo le contemplaba con asombro, y se sentó en la silla de su padre pues le hicieron lugar los ancianos.

Un hijo suyo muy [p. Otros tres tenía el anciano—uno, Eurínomo, hallábase con los pretendientes, y los demás cuidaban los campos de su padre—mas no por eso se había olvidado de Ántifo y por él lloraba y se afligía.

Egiptio, pues, les arengó, derramando lágrimas, y les dijo de esta suerte:. Ni una sola vez fué convocada nuestra ágora, ni en ella tuvimos sesión, desde que el divinal Ulises partió en las cóncavas naves. Paréceme que debe de ser un varón honrado y proficuo.

Cúmplale Júpiter, llevándolo á feliz término, lo que en su espíritu revuelve. Holgóse del presagio el dilecto hijo de Ulises, que ya no permaneció mucho tiempo sentado: deseoso de arengarles, se levantó en medio del ágora y el heraldo Pisenor, que sabía dar prudentes consejos, le puso el cetro en la mano.

Telémaco, dirigiéndose primeramente al viejo, se expresó de esta guisa:. No está lejos ese hombre y ahora sabrás que quien ha reunido el pueblo soy yo, que me hallo sumamente afligido.

Ninguna noticia recibí de la vuelta del ejército, para que pueda manifestaros públicamente lo que haya sabido antes que otros, y tampoco quiero exponer ni decir cosa alguna que interese al pueblo: trátase de un asunto particular mío, de la doble cuita que se entró por mi casa.

La una es que perdí á mi excelente progenitor, el cual reinaba sobre vosotros con la suavidad de un padre; la otra, la actual, de más importancia todavía, pronto destruirá mi casa y acabará con toda mi hacienda.

Los pretendientes de mi madre, hijos queridos de los varones más señalados de este país, la asedian á pesar suyo y no se atreven á encaminarse á la casa de Icario, su padre, para que la dote y la entregue al que él quiera y á ella le plazca; sino que, viniendo todos los días á nuestra morada, nos degüellan los bueyes, las ovejas y las pingües cabras, celebran banquetes, beben locamente el vino tinto y así se consumen muchas cosas, porque no tenemos un hombre como Ulises, que fuera capaz de librar á nuestra casa de tal ruina.

No me encuentro yo en disposición de reali [p. Participad vosotros de mi indignación, sentid vergüenza ante los vecinos circunstantes y temed que os persiga la cólera de los dioses, irritados por las malas obras. Os lo ruego por Júpiter Olímpico y por Temis, la cual disuelve y reúne las ágoras de los hombres: no prosigáis, amigos; dejad que padezca á solas la triste pena; á no ser que mi padre, el excelente Ulises, haya querido mal y causado daño á los aqueos de hermosas grebas y vosotros ahora, para vengaros en mí, me queráis mal y me causéis daño, incitando á éstos.

Mejor fuera que todos juntos devorarais mis inmuebles y mis rebaños, que si tal hicierais quizás algún día se pagaran, pues iría por la ciudad reconviniéndoos con palabras y reclamándoos los bienes hasta que todos me fuesen devueltos.

Mas ahora las penas que á mi corazón inferís son incurables. Movióse á piedad el pueblo, y todos callaron; sin que nadie se atreviese á contestar á Telémaco con ásperas palabras, salvo Antínoo, que respondió diciendo:.

Tú deseas cubrirnos de baldón. Mas la culpa no la tienen los aqueos que pretenden á tu madre, sino ella, que sabe proceder con gran astucia. Tres años van con éste, y pronto llegará el cuarto, que se fisga del ánimo que los aquivos tienen en su pecho.

Á todos les da esperanzas, y á cada uno en particular le hace promesas y le envía mensajes; pero son muy diferentes los pensamientos que en su inteligencia revuelve. Y aún discurrió su espíritu este otro engaño: Se puso á tejer en el palacio una gran tela sutil é interminable, y á la hora nos habló de esta guisa: ¡Jóvenes, pretendientes míos!

Ya que ha muerto el divinal Ulises, aguardad, para instar mis bodas, que acabe este lienzo—no sea que se me pierdan inútilmente los hilos,—á fin de que tenga sudario el héroe Laertes en el momento fatal de la aterradora muerte.

Así dijo, y nuestro ánimo generoso se dejó persuadir. Desde aquel instante pasaba el día labrando la gran tela, y por la noche, tan luego como se alumbraba con las antorchas, deshacía lo tejido.

De esta suerte logró ocultar el engaño y que sus palabras fueran creídas por los aqueos [p. Así fué como, mal de su grado, se vió en la necesidad de acabarla. Oye, pues, lo que te responden los pretendientes, para que lo sepa tu espíritu y lo sepan también los aqueos todos.

Haz que tu madre vuelva á su casa, y ordénale que tome por esposo á quien su padre le aconseje y á ella le plazca. Y si atormentare largo tiempo á los aqueos, confiando en las dotes que Minerva le otorgó en tal abundancia—ser diestra en labores primorosas, gozar de buen juicio, y valerse de astucias que jamás hemos oído decir que conocieran las anteriores aquivas Tiro, Alcmena y Micene, la de hermosa diadema, pues ninguna concibió pensamientos semejantes á los de Penélope—no se habrá decidido por lo más conveniente, ya que tus bienes y riquezas serán devorados mientras siga con el propósito que los dioses le infundieron en el pecho.

Ella ganará ciertamente mucha fama, pero á ti te quedará tan sólo la añoranza de los copiosos bienes que hayas poseído; y nosotros ni tornaremos á nuestros negocios, ni nos llegaremos á otra parte, hasta que Penélope no se haya casado con alguno de los aqueos.

No es razón que eche de mi casa, contra su voluntad, á la que me dió el ser y me ha criado. Mi padre quizás esté vivo en otra tierra, quizás haya muerto; pero me será gravoso haber de restituir á Icario muchísimas cosas si voluntariamente le envío mi madre. Y entonces no sólo padeceré infortunios á causa de la ausencia de mi padre, sino que los dioses me causarán otros; pues mi madre, al salir de la casa, imprecará las odiosas Furias, y caerá sobre mí la indignación de los hombres.

Jamás, por consiguiente, daré yo semejante orden. Si os indigna el ánimo lo que ocurre, salid del palacio, disponed otros festines y comeos vuestros bienes, convidándoos sucesiva y recíprocamente en vuestras casas.

Pero si os parece mejor y más acertado destruir impunemente los bienes de un solo hombre, seguid consumiéndolos; que yo invocaré á los sempiternos dioses por si algún día nos concede Júpiter que vuestras obras sean castigadas, y quizás muráis en este palacio sin que nadie os vengue.

Ambas volaban muy juntas, con las alas extendidas, y tan rápidas como el viento; y al hallarse en medio de la ruidosa ágora, giraron ve [p. Quedáronse todos los presentes muy admirados de ver con sus propios ojos las susodichas aves, y meditaban en su espíritu qué fuera lo que tenía que suceder; cuando el anciano héroe Haliterses Mastórida, el único que se señalaba sobre los de su edad en conocer los augurios y explicar las cosas fatales, les arengó con benevolencia diciendo:.

Grande es el infortunio que á éstos les amenaza, porque Ulises no estará mucho tiempo alejado de los suyos, sino que ya quizás se halla cerca y les apareja á todos la muerte y el destino; y también les ha de venir daño á muchos de los que moran en Ítaca, que se ve de lejos.

Antes de que así ocurra, pensemos cómo les haríamos cesar de sus demasías, ó cesen espontáneamente, que fuera lo más provechoso para ellos mismos. Pues no lo vaticino sin saberlo, sino muy enterado; y os aseguro que al héroe se le ha cumplido todo lo que yo le declarara, cuando los argivos se embarcaron para Ilión y fuése con ellos el ingenioso Ulises.

Díjele entonces que, después de pasar muchos males y de perder sus compañeros, tornaría á su patria en el vigésimo año sin que nadie le conociera; y ahora todo se va cumpliendo.

Vuelve á tu casa y adivínales á tus hijos lo que quieras, á fin de que en lo por venir no padezcan ningún daño; mas en estas cosas sé yo vaticinar harto mejor que tú mismo.

Muchas aves se mueven debajo de los rayos del sol, pero no todas son agoreras; Ulises murió lejos de nosotros, y tú debieras haber perecido con él, y así no dirías tantos vaticinios ni incitarías al irritado Telémaco, esperando que mande algún presente á tu casa.

Lo que ahora voy á decir se cumplirá: si tú, que conoces muchas cosas antiquísimas, engañares con tus palabras á ese hombre más mozo y le incitares á que permanezca airado, primeramente será mayor su aflicción pues no por las predicciones le será dable proceder de otra suerte; y á ti, oh anciano, te impondremos una multa para que te duela el pagarla y te cause grave pesar.

Yo mismo, delante de todos vosotros, daré á Telémaco un consejo: ordene á su madre que torne á la casa paterna y allí le dispondrán las nupcias y le aparejarán una dote tan cuantiosa como debe llevar una hija amada.

No creo que hasta entonces de [p. Sus bienes serán devorados de la peor manera, como hasta aquí, sin que jamás se le indemnice, en cuanto Penélope entretenga á los aqueos con diferir la boda.

Y nosotros, esperando día tras día, competiremos unos con otros por sus eximias prendas y no nos dirigiremos á otras mujeres que nos pudieran convenir para casarnos. No os he de suplicar ni arengar más acerca de esto, porque ahora ya están enterados los dioses y los aqueos todos. Mas, ea, proporcionadme una embarcación muy velera y veinte compañeros que me abran camino acá y allá del ponto.

Iré á Esparta y á la arenosa Pilos á preguntar por el regreso de mi padre, cuya ausencia se hace ya tan larga; y quizás algún mortal me hablará del mismo ó llegará á mis oídos la fama que procede de Júpiter y es la que más difunde la gloria de los hombres.

Si oyere decir que mi padre vive y ha de volver, lo sufriré todo un año más, aunque estoy afligido; pero si me participaren que ha muerto y ya no existe, retornaré sin dilación á la patria, le erigiré un túmulo, le haré las muchas exequias que se le deben, y á mi madre le buscaré un esposo.

Entonces levantóse Méntor, el amigo del preclaro Ulises—éste, al embarcarse, le había encomendado su casa entera para que los suyos obedeciesen al anciano y él se lo guardara todo y lo mantuviese en pie—y benévolo les arengó del siguiente modo:. Ningún rey que empuñe cetro, sea benigno, ni blando, ni suave, ni ocupe la mente en cosas justas; antes, al contrario, obre siempre con crueldad y lleve al cabo acciones nefandas; ya que nadie se acuerda del divinal Ulises entre los ciudadanos sobre los cuales reinaba con la suavidad de un padre.

Y no aborrezco tanto á los orgullosos pretendientes por la violencia con que proceden, llevados de sus malos propósitos,—pues si devoran la casa de Ulises, ponen á ventura sus cabezas y creen que el héroe ya no ha de volver,—como me indigno contra la restante población, al contemplar que permanecéis sentados y en silencio, sin que intentéis, sin embargo de ser tantos, refrenar con vuestras palabras á los pretendientes que son pocos.

Dificultoso les sería y hasta á un número mayor de hombres, luchar con nosotros para privarnos de los banquetes. Pues si el mismo Ulises de Ítaca, viniendo en persona, encontrase á los ilustres pretendientes comiendo en el palacio y resolviera en su corazón echarlos de su casa, no se alegraría su esposa de que hubiese vuelto, aunque mucho lo desea, porque allí mismo recibiría el héroe indigna muerte si osaba combatir con tantos varones.

En verdad que no has hablado como debías. Mas, ea, separaos y volved á vuestras ocupaciones. Méntor y Haliterses, que siempre han sido amigos de Telémaco por su padre, le animarán para que emprenda el viaje; pero se me figura que, permaneciendo quieto durante mucho tiempo, oirá en Ítaca las noticias que vengan y jamás realizará su propósito.

Dispersáronse todos para volver á sus respectivas casas y los pretendientes enderezaron su camino á la morada del divinal Ulises. Á todo se oponen los aqueos y en especial los en mal hora ensoberbecidos pretendientes.

Acercósele Minerva, que había tomado el aspecto y la voz de Méntor, y le dijo estas aladas palabras:. No serás en lo sucesivo ni cobarde ni imprudente, si has heredado el buen ánimo que tu padre tenía para llevar á su término acciones y palabras; si así fuere, el viaje no te resultará vano, ni quedará por hacer.

Mas, si no eres el hijo de aquél y de Penélope, no creo que llegues á realizar lo que anhelas. Contados son los hijos que se asemejan á sus padres, los más salen peores, y tan solamente algunos los aventajan. Pero tú, como no serás en lo futuro ni cobarde ni imprudente, ni te falta del todo la inteligencia de Ulises, puedes concebir la esperanza de dar fin á tales obras.

No te preocupes, pues, por lo que resuelvan ó mediten los insensatos pretendientes; que éstos ni tienen cordura ni practican la justicia, y no saben que se les acerca la muerte y el negro hado para que todos acaben en un mismo día.

Ese viaje que deseas emprender, no se diferirá largo tiempo: soy tan amigo tuyo por tu padre, que [p. Vuelve á tu casa, mézclate con los pretendientes y ordena que se dispongan provisiones en las oportunas vasijas, echando el vino en ánforas y la harina, que es la sustentación de los hombres, en fuertes pellejos; y mientras tanto juntaré, recorriendo la población, á los que voluntariamente quieran acompañarte.

Muchas naves hay, entre nuevas y viejas, en Ítaca, rodeada por el mar: después de ojearlas, elegiré para ti la que sea mejor y luego que esté equipada la botaremos al anchuroso ponto. Fuése á su casa con el corazón afligido, y halló á los soberbios pretendientes que desollaban cabras y asaban puercos cebones en el recinto del patio.

Entonces Antínoo, riéndose, salió al encuentro de Telémaco, le tomó la mano y le dijo estas palabras:. No revuelvas en tu pecho malas acciones ó palabras, y come y bebe conmigo como hasta aquí lo hiciste. Y los aqueos te prepararán todas aquellas cosas, una nave y remeros escogidos, para que muy pronto vayas á la divina Pilos en busca de nuevas de tu ilustre padre.

No es posible que yo permanezca callado entre vosotros, tan soberbios, y coma y me regocije tranquilamente. Ahora que soy hombre y sé lo que ocurre, escuchando lo que los demás dicen, y crece en mi pecho el ánimo, intentaré daros malas muertes, sea acudiendo á Pilos, sea aquí en esta población.

Pasajero me iré—y no será infructuoso el viaje de que hablo—pues no tengo nave ni remadores; que sin duda os pareció más conveniente que así fuera. Los pretendientes, que andaban preparando el banquete dentro de la casa, se mofaban de Telémaco y le zaherían con palabras.

Y uno de aquellos jóvenes soberbios habló de esta manera:. Mayor fuera entonces nuestro trabajo, pues repartiríamos todos sus bienes y daríamos esta casa á su madre y á quien la desposara para que en común la poseyesen.

Telémaco bajó á la anchurosa y elevada cámara de su padre, donde había montones de oro y de bronce, vestiduras guardadas en arcas y gran copia de odorífero aceite. Allí estaban las tinajas del dulce vino añejo, repletas de bebida pura y divinal, y arrimadas ordenadamente á la pared; por si algún día volviere Ulises á su casa, después de haber padecido multitud de pesares.

La puerta tenía dos hojas sólidamente adaptadas y sujetas por la cerradura; y junto á ella hallábase de día y de noche, custodiándolo todo con precavida mente, una despensera: Euriclea, hija de Ops Pisenórida. Entonces Telémaco la llamó á la estancia y le dijo:.

Vamos, ponme en ánforas dulce vino, el que sea más suave después del que guardas para aquel infeliz; esperando siempre que torne Ulises, de jovial linaje, por haberse librado de la muerte y del destino. Llena doce ánforas y ciérralas con sus tapaderas.

Aparta también veinte medidas de harina de trigo, y échalas en pellejos bien cosidos. Tú sola lo sepas. Esté todo aparejado y junto, pues vendré á tomarlo al anochecer, así que mi madre se vaya arriba á recogerse. Que quiero hacer un viaje á Esparta y á la arenosa Pilos, por si logro averiguar ú oir algo del regreso de mi padre.

Echóse á llorar su ama Euriclea y, suspirando, díjole estas aladas palabras:. Ulises, el de jovial linaje, murió lejos de la patria, en un pueblo ignoto.

Así que partas, éstos maquinarán cosas inicuas para matarte con algún engaño y repartirse después todo lo tuyo. Quédate aquí, cerca de tus bienes; que nada te obliga á padecer infortunios yendo por el estéril ponto, ni á vagar de una parte á otra.

Pero júrame que nada dirás á mi madre hasta que transcurran once ó doce días, ó hasta que la aqueje el deseo de verme ú oiga decir que he partido; para evitar que llore y dañe así su hermoso cuerpo. En acabando de jurar, ella, sin perder un instante, envasó el [p. Tomó la figura de Telémaco, recorrió la ciudad, habló con distintos varones y les encargó que al anochecer se reunieran junto al barco.

Pidió también una velera nave al hijo preclaro de Fronio, á Noemón, y éste se la cedió gustoso. En aquel instante la diosa echó al mar la ligera embarcación y colocó en la misma cuantos aparejos llevan las naves de muchos bancos. Condújola después á una extremidad del puerto, juntáronse muchos y excelentes compañeros, y Minerva los alentó á todos.

Fuése al palacio del divinal Ulises, infundióles á los pretendientes dulce sueño, les entorpeció la mente en tanto que bebían, é hizo que las copas les cayeran de las manos.

Todos se apresuraron á irse por la ciudad y acostarse, pues no estuvieron mucho tiempo sentados desde que el sueño les cayó sobre los párpados. Y Minerva, la de los brillantes ojos, que había tomado la figura y la voz de Méntor, dijo á Telémaco después de llamarle afuera del cómodo palacio:.

Tus compañeros, de hermosas grebas, ya se han sentado en los bancos para remar, y sólo esperan tus órdenes. Vámonos y no tardemos en comenzar el viaje. Llegaron á la nave y al mar, y hallaron en la orilla á los compañeros de larga cabellera. Y el esforzado y divinal Telémaco les habló diciendo:.

Mi madre nada sabe, ni las criadas tampoco; á excepción de una, que es la única persona á quien se lo he dicho.

Acomodáronse en la popa Minerva y Telémaco, los marineros soltaron las amarras y el navío echó á andar al soplo del Céfiro.

En seguida se lo llevaron todo y lo cargaron en la nave de muchos bancos, como el amado hijo de Ulises lo ordenara. Acto continuo embarcóse Telémaco, precedido por Minerva que tomó asiento en la popa y él á su lado, mientras los compañeros quitaban las amarras y se acomodaban en los bancos.

Minerva, la de los brillantes ojos, envióles próspero viento: el fuerte Céfiro, que resonaba por el vinoso ponto. Telémaco exhortó á sus compa [p. Izaron el mástil de abeto, lo metieron en el travesaño, lo ataron con sogas, y al instante descogieron la blanca vela con correas bien torcidas.

Hinchió el viento la vela, y las purpúreas olas resonaban en torno de la quilla mientras la nave corría siguiendo su rumbo. Así que hubieron atado los aparejos á la veloz nave negra, levantaron crateras rebosantes de vino é hicieron libaciones á los sempiternos inmortales dioses y especialmente á la hija de Júpiter, la de los brillantes ojos.

Y la nave continuó su rumbo toda la noche y la siguiente aurora. Néstor ha reconocido á Minerva, al partir esta diosa, y le ofrece un sacrificio. Nueve asientos había, y en cada uno estaban sentados quinientos hombres y se sacrificaban nueve toros.

Mientras los pilios quemaban los muslos para el dios, después de probar las entrañas, los de Ítaca tomaron puerto, amainaron las velas de la bien proporcionada nave, ancláronla y saltaron en tierra.

Telémaco desembarcó, precedido por Minerva. Y la deidad de los brillantes ojos rompió el silencio con estas palabras:. Ya no te cumple mostrar vergüenza en cosa alguna, habiendo atravesado el ponto con el fin de saber noticias de tu padre: cuál tierra lo tiene oculto y qué suerte le ha cabido.

Ea, ve [p. Ruégale tú mismo que sea veraz, y no mentirá porque es muy sensato. Aún no soy práctico en hablar con discreción y da vergüenza que un joven interrogue á un anciano. Discurrirás en tu mente algunas cosas y un numen te sugerirá las restantes, pues no creo que tu nacimiento y tu crianza se hayan efectuado contra la voluntad de los dioses.

Llegaron adonde estaba la junta de los varones pilios en los asientos: allí se había sentado Néstor con sus hijos y á su alrededor los compañeros preparaban el banquete, ya asando carne, ya espetándola en los asadores.

Y apenas vieron á los huéspedes, adelantáronse todos juntos, los saludaron con las manos y les invitaron á sentarse. Pisístrato Nestórida fué el primero que se les acercó, y asiéndolos de la mano, los hizo sentar para el convite en unas blandas pieles, sobre la arena del mar, cerca de su hermano Trasimedes y de su propio padre.

En seguida dióles parte de las entrañas, echó vino en una copa de oro y, ofreciéndosela á Palas Minerva, hija de Júpiter que lleva la égida, así le dijo:. Eleva tus preces al soberano Neptuno, ya que al venir acá os habéis encontrado con el festín que en su honor celebramos. Mas, tan pronto como hicieres la libación y hubieres rogado, como es justo, dale á ése la copa de dulce vino para que lo libe también, pues supongo que ruega asimismo á los dioses; como que todos los hombres están necesitados de las deidades.

Pero á causa de ser el más joven—debe de tener mis años—te daré primero á ti la áurea copa. Minerva holgóse de ver la prudencia y la equidad del varón que le daba la copa de oro á ella antes que á Telémaco. Y al punto hizo muchas súplicas al soberano Neptuno:. No te niegues á llevar al cabo lo que ahora te pedimos.

Ante todo llena de gloria á Néstor y á sus vástagos; dales á los pilios grata recompensa por tan ínclita hecatombe y concede también que Telémaco y yo no nos [p. Entregó en seguida la hermosa copa doble á Telémaco, y el caro hijo de Ulises oró de semejante manera.

Asados ya los cuartos delanteros, retiráronlos, dividiéronlos en partes y celebraron un gran banquete.

Y cuando hubieron satisfecho el deseo de comer y de beber, Néstor, el caballero gerenio, comenzó á decirles:. Preguntas de dónde somos.

Pues yo te lo diré. Venimos de Ítaca, situada al pie del Neyo, y el negocio que nos trae no es público, sino particular. Ando en pos de la gran fama de mi padre, por si oyere hablar del divino y paciente Ulises; el cual, según afirman, destruyó la ciudad troyana, combatiendo contigo.

De todos los que guerrearon contra los teucros, sabemos dónde padecieron deplorable muerte; pero el Saturnio ha querido que la de aquél sea ignorada: nadie puede indicarnos claramente dónde pereció, ni si ha sucumbido en el continente, por mano de enemigos, ó en el piélago, entre las ondas de Anfitrite.

Por esto he venido á abrazar tus rodillas, por si quisieras contarme la triste muerte de aquél, ora la hayas visto con tus ojos, ora te la haya relatado algún peregrino, que muy sin ventura le parió su madre. Y nada atenúes por respeto ó compasión que me tengas; al contrario, entérame bien de lo que hayas visto.

Yo te lo ruego: si mi padre, el noble Ulises, te cumplió algún día la palabra que te hubiese dado; ó llevó á su término una acción que te hubiera prometido, allá en el pueblo de los troyanos donde tantos males padecisteis los aquivos; acuérdate de ello y dime la verdad de lo que te pregunto.

Me traes á la memoria las calamidades que en aquel pueblo sufrimos los aqueos, indomables por el valor, unas veces vagando en las na [p. Allí recibieron la muerte los mejores capitanes: allí yace el belicoso Ayax; allí, Aquiles; allí, Patroclo, consejero igual á los dioses; allí, mi amado hijo fuerte y eximio, Antíloco, muy veloz en el correr y buen guerrero.

Padecimos, además, muchos infortunios. Aunque, deteniéndote aquí cinco ó seis años, te ocuparas en preguntar cuántos males padecieron allá los divinos aqueos, no te fuera posible saberlos todos; sino que, antes de llegar al término, cansado ya, te irías á tu patria tierra.

Mapa de Caracteres

By Nigul

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