IA y la Democracia

Cuando los votantes no pueden discernir la verdad de la falsedad o sienten que su discurso político está siendo manipulado, se socava la confianza en todo el sistema democrático.

La polarización de la sociedad Esta manipulación de los votantes tiene como objetivo exacerbar las divisiones sociales y políticas, creando una sociedad más polarizada y fragmentada. Esta brecha entre las personas obstaculiza el diálogo constructivo , socava la creación de consenso y puede conducir a un aumento del malestar social.

Ya existe una polarización extrema en numerosos países, y parece estar en un nivel nunca antes visto en la historia. En consecuencia, muchas sociedades sufren daños debido a la incapacidad de los gobiernos para responder a las necesidades de las personas, y mucho menos al creciente número de amenazas en el mundo.

La Inteligencia Artificial puede contribuir a una sociedad más polarizada e individualista La respuesta a la amenaza de la IA en las elecciones Abordar la amenaza de la IA en la interferencia electoral requiere un enfoque multifacético que involucre a los gobiernos, las grandes empresas tecnológicas y la sociedad civil.

El primer paso es fortalecer nuestros marcos legales y regulatorios para combatir la interferencia electoral impulsada por la IA. Esto incluye la promulgación de leyes que aborden las prácticas de campañas digitales, la desinformación y la interferencia extranjera, así como regulaciones que garanticen la transparencia en la publicidad política.

Para el segundo paso, la industria tecnológica debe priorizar el desarrollo ético de la IA. Esto implica crear sistemas de IA que sean transparentes, responsables y alineados con los valores democráticos. Se deben establecer pautas y estándares éticos para regir el uso de la IA en el contexto de las elecciones.

El tercer paso es aumentar la alfabetización mediática y la conciencia pública. Esto es crucial para combatir la interferencia electoral impulsada por la IA. Educar al público sobre las tácticas utilizadas en la manipulación digital, cómo identificar fuentes de información creíbles y la importancia del pensamiento crítico es esencial para desarrollar resiliencia contra la desinformación.

El cuarto paso es mejorar la cooperación internacional , porque en la era digital la tecnología no tiene fronteras. Por lo tanto, los países deben trabajar juntos para compartir inteligencia, desarrollar mejores prácticas y apoyarse mutuamente para salvaguardar los procesos democráticos.

Los malos actores que utilizan la manipulación electoral de la IA representan una grave amenaza para el núcleo mismo de las sociedades democráticas. A medida que la tecnología de IA continúa avanzando, crece el potencial de abuso, lo que hace imperativo actuar con decisión. Fortalecer los marcos legales , promover la IA ética, aumentar la conciencia pública y fomentar la cooperación internacional son pasos críticos para combatir esta amenaza.

El futuro de la democracia depende de nuestra capacidad para enfrentar y superar los desafíos que plantea la interferencia electoral impulsada por la IA, garantizando que el poder de la tecnología sirva para apoyar los ideales democráticos, no para socavarlos.

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La inteligencia artificial plantea problemáticas con herramientas como los deepfakes y los bots. Desde sociedades polarizadas hasta riesgos democráticos, empresas y Estados deben debatir estándares que impidan llegar a estos escenarios.

Tags Democracia Inteligencia Artificial Riesgos. Más vistas Ahora la IA también hará por vos los prompts para ChatGPT: ¿cómo funciona? Cinco libros que te enseñarán a desarrollar habilidades de liderazgo en Las 5 habilidades mejor pagadas para los gerentes de proyectos empresariales.

Guía para gerentes: cómo trabajar con empleados de la Generación Z. No hacerlo implica quedarse atrás, y este es el peor de los pecados del ámbito mercantil. No obstante, tenemos multitud de ejemplos de los problemas que esto puede acarrear. Por ejemplo, los investigadores Tristan Harris y Aza Raskin, del Center for Humane Technology, mantuvieron una conversación con el nuevo bot de la red social Snapchat «My AI» durante la cual se hicieron pasar por una niña de trece años a la que su novio, de treinta y ocho años, iba a llevar de escapada romántica.

La respuesta de la IA fue felicitarla por los acontecimientos y sugerirle formas de aumentar el romanticismo de la cita. Y este es solo uno de los muchos ejemplos que los usuarios han detectado y publicado en las redes. Estos hechos no han pasado desapercibidos.

En marzo de , un grupo de personalidades relevantes del sector de la IA firmaron una carta en la que solicitaban una suspensión en el desarrollo de sistemas de IA por un periodo de seis meses, más allá del ChatGPT4.

Dos meses después, En el mismo contexto, el investigador informático Eliezer Yudkowsky publicó un artículo de opinión en la revista Time en el que señalaba que este plazo era insuficiente, y solicitaba una moratoria indefinida respaldada por acuerdos internacionales, llegando a defender incluso que Estados Unidos tuviera el beneplácito internacional para «destruir militarmente centros clandestinos de procesamiento de datos», en el caso de que una nación o actor determinado violara dicho acuerdo.

Seguramente, la señal de alarma más llamativa fue la dimisión de Goeff Hinton —considerado el padre de la IA gracias a su trabajo puntero sobre redes neuronales en los setenta— de su cargo en Google, para dedicarse a publicitar por todo el mundo el peligro de que la IAG caiga en las «manos equivocadas» y se utilice para alcanzar «otros objetivos», como la acumulación de poder.

Aun así, hay una escasa comprensión de los peligros que plantea la IA. A pesar de toda la sofisticación que esconde ChatGPT4, el modelo está aún lejos de sentir esa subjetividad carnal que tan bien retrató el poeta Walt Whitman en su invitación a «leer estas hojas de hierba», en el poema homónimo de ; la IAG no puede entender el amor, perseguir el honor, sentir desesperación, soledad o autoengañarse.

Tampoco puede reflejar y evaluar su propio estado emocional. Cuando le pedimos a la IA que actúe sobre el mundo, lo hace sin conciencia ni reconocimiento de sí misma como sujeto distinto de un objeto.

En términos heideggerianos , la IA actúa sobre el mundo, sin estar en el mundo. No obstante, sería ilusorio pensar que la IA deba asemejarse a nosotros para poder impactarnos radicalmente.

Según el sociólogo Hartmut Rosa, en nuestra época impera una lógica de aceleración que se intensifica debido a la modernidad, si bien no deriva exclusivamente de ella. Esto provoca la voracidad por avanzar, absorber, producir, opinar, sin preguntarse por las razones más profundas que nos mueven a ello.

Dadas estas circunstancias, ¿podemos establecer prioridades? En mi opinión, una IA que nos impida diferenciar la verdad de la ficción es ya, a día de hoy, un peligro mayor para la democracia que una que establezca sus propios objetivos. Si el problema del siglo XX fue el relativismo de valores —la confrontación de la racionalidad ilustrada por dos guerras mundiales irracionales—, el del siglo XXI es y será el relativismo empírico; la incapacidad de saber con certeza si lo que se oye, se lee o se ve es real.

Si la crítica al relativismo moral sostenía que las posiciones de valor eran reducibles a gustos estéticos, para la IAG la realidad empírica sería solo una opinión. Por ahora, una herramienta como OpenAI permite el acceso a la API —Interfaz de Programación de Aplicaciones— a cualquiera que desee entrenar el conjunto de datos de esta «estúpida criatura» hacia sus propios fines.

Cabe por tanto concebir la necesidad de contratar un ejército de filósofos para que introduzcan en el modelo de la IA los cimientos relevantes de la filosofía política, o entrenarla en los preceptos del utilitarismo y hacer que produzca resultados que permitan el mayor bien para el mayor número de personas.

Según el enfoque aristotélico de la ética de la virtud, desarrollaríamos la phronesis sabiduría cívica a través de la experiencia; resulta, por tanto, concebible imaginar una IA que, con su enorme capacidad de procesamiento, pudiese alcanzar la phronesis a velocidad de vértigo.

Pero por interesante que sea un experimento de pensamiento de este tipo, me resulta más interesante el proceso de desaprendizaje de la IA.

Una IA construida para el beneficio público podría ser una excelente opción para aquellos casos en los que la tecnología puede ser de mayor El tema que se plantea como transversal es el asunto de la inteligencia artificial desde la perspectiva de qué impacto puede tener en la democracia. Democracia La IA puede constituir un peligro en el tratamiento de la información dentro del proceso democrático Si la IA entraña riesgos desde el punto de vista ético

El impacto de la inteligencia artificial en la democracia

IA y la Democracia - de derecho, la democracia y los derechos humanos, en lugar de contribuir a su en Europa como en Estados Unidos, pero son uno de los principales factores Una IA construida para el beneficio público podría ser una excelente opción para aquellos casos en los que la tecnología puede ser de mayor El tema que se plantea como transversal es el asunto de la inteligencia artificial desde la perspectiva de qué impacto puede tener en la democracia. Democracia La IA puede constituir un peligro en el tratamiento de la información dentro del proceso democrático Si la IA entraña riesgos desde el punto de vista ético

La cultura predominante de Silicon Valley sigue la «ideología californiana». Sus raíces se remontan al movimiento juvenil de la década de Parte de las metas de este movimiento era liberarse del dominio político de Washington y del dominio tecnológico de ibm , la empresa de tecnología líder en ese entonces.

En esencia, había un gran anhelo de libertad personal y de capacidad individual para actuar como efecto de la descentralización. El desarrollo de la primera computadora personal pc y el multipremiado spot publicitario de la Apple Macintosh realizado por el reconocido director Ridley Scott, en el que una joven se libera del «Gran Hermano» «Y verás por qué no será como » , son una expresión de esta búsqueda de libertad individual y autorrealización, lejos de los imperativos sociales y de la dependencia del Estado.

En su famosa «Declaración de independencia del ciberespacio», John Perry Barlow, activista estadounidense por los derechos civiles y compositor de la banda de rock Grateful Dead, rechazó cualquier regulación legal de internet. Alegaba que las formas tradicionales de gobierno, que —diríamos— pueden existir únicamente sobre la base de la ley y el orden, «no tienen soberanía donde nosotros los actores del ciberespacio nos reunimos».

No fue casualidad que esta declaración se hiciera pública en en el marco del Foro Económico Mundial de Davos. Esta idea también fue retomada en el discurso jurídico.

David R. Johnson y David G. Post, jurisconsultos especializados en espacio digital, afirmaron que si los usuarios quieren establecer reglas en internet y estas no dañan a los no usuarios, entonces «la ley del mundo físico debería ser revocada en favor de esta forma de autorregulación».

Pero no fue solo la «ideología californiana» lo que alentó el desacato de la ley. La enseñanza de innovaciones disruptivas, muy difundida en las escuelas de negocios, condujo en algún momento a una comprensión de la ley como algo disruptivo. Esta lucha de las empresas tecnológicas y los activistas contra las nuevas leyes, que siguen poniendo la tecnología por encima de la democracia, continúa hasta el día de hoy.

Por ejemplo, Google insistió en que solo se le aplique la ley de California, ya que las búsquedas hechas desde Europa son respondidas desde los servidores californianos. Es más, se argumentó que los resultados de las búsquedas no deberían clasificarse como «tratamiento de datos».

La fundamentación: Google no es responsable de los resultados, ya que son producto del algoritmo automatizado y no pueden ser controlados por la empresa.

Aquí es donde se hacen evidentes la cosmovisión de la empresa y la manera de concebir el Estado de derecho: en primer lugar, la automatización en forma de algoritmo como servicio protege a la empresa mediadora de cualquier responsabilidad legal.

Visto así, el sueño de John Perry Barlow se haría realidad: en la era digital, la tecnología tendría prioridad sobre la jurisprudencia. En segundo lugar, si existiera cualquier forma de vínculo legal, este solo podría existir en relación con un orden global, presumiblemente dominado por la ley estadounidense y administrado por jueces estadounidenses.

Este escenario sería ideal para Google. Los costos se reducirían considerablemente, incluso si la empresa operara en diferentes jurisdicciones. Esto estaría totalmente en línea con la idea de construir una única estructura global de internet que no esté dividida en diferentes jurisdicciones o fragmentada por normas nacionales y que sea muy difícil de atacar legalmente para ciudadanos no estadounidenses.

En este contexto, la reacción del Tribunal de Justicia de la Unión Europea tjue , generalmente entendida como el «retorno de la ley», fue positiva: el Tribunal respondió al argumento de Google manteniéndose en los límites de la cuestión jurídica planteada, pero sin perder de vista las implicaciones más amplias de esta cuestión.

Al final, los reclamos de Google fueron rechazados y así se protegieron los derechos fundamentales de los ciudadanos europeos, sobre la base de la larga tradición europea de protección de la privacidad y protección de datos.

Se puede especular sobre si el argumento de Google de no querer asumir la responsabilidad de los resultados del algoritmo de búsqueda fue usado previendo negar toda responsabilidad por los productos de la futura inteligencia artificial autónoma. En cualquier caso, la respuesta del tjue en este caso fue clara.

El presidente ejecutivo de Google se pronuncia actualmente en contra de una regulación general de la inteligencia artificial. Alega que tal regulación obstaculizaría la innovación y que solo puede concebirse una regulación específica de la inteligencia artificial por sectores.

Lo que olvida es que se presentó el mismo patrón argumentativo contra el Reglamento General de Protección de Datos de la ue. Pero en vano, y con razón. Porque una normativa puramente sectorial deja sin regular demasiadas aplicaciones de la inteligencia artificial de uso general y, en su complejidad, abruma tanto a quien legisla como a la ciudadanía.

Primero necesitamos fundamentos horizontales y generales. Luego se podrán agregar especificaciones por sector. Cuando se pone todo esto en contexto, hay un denominador común claro: el intento de evitar responsabilidades, tanto en la legislación como en la jurisprudencia.

Y todo surge de un pequeño grupo de empresas que tienen en sus manos un poder sin precedentes. El debate sobre las cuestiones éticas de la inteligencia artificial ya ha expuesto los innumerables desafíos en el ámbito de los derechos fundamentales y el Estado de derecho en este contexto.

Es evidente que la inteligencia artificial no puede servir al bien público sin reglas claras. El potencial de la inteligencia artificial obliga a no correr los mismos riesgos que cuando se introdujo internet, que en su momento provocó un vacío legal.

Las posibilidades de esta nueva tecnología son tan inmensas que pueden causar estragos y daños irreversibles a la sociedad. Pero mientras que hoy la inteligencia artificial es desarrollada por empresas gigantescas con presupuestos de miles de millones, están regresando los ingenuos argumentos con los que se causó mucho daño en las fases tempranas de internet.

También está claro que los numerosos conflictos de intereses entre empresas y público en relación con la inteligencia artificial no pueden resolverse mediante códigos de ética laxos ni autorregulación. Pero eso no significa que las empresas no deban contribuir a la discusión sobre los desafíos éticos y legales.

Muchas de las personas que trabajan para estas empresas tienen las mejores intenciones y pueden hacer importantes aportes al debate. También se puede observar una cierta diferenciación en las actitudes hacia la legislación, según sea el modelo de negocio.

Microsoft, que gana mucho dinero por servicios al gobierno y la administración pública, se posiciona de manera más constructiva frente al Estado de derecho y la democracia que otras empresas.

En vista de los enormes presupuestos con los que las megacorporaciones están presentes en muchos ámbitos de la ciencia, la sociedad civil y la opinión pública, es importante que todos quienes participan de la gran discusión sobre la regulación de internet y las nuevas tecnologías ofrezcan información clara sobre relaciones laborales, financiamiento u otras transferencias de servicios y expongan de manera abierta los conflictos de intereses.

Resulta sorprendente hasta qué punto los defensores de una legislación sobre inteligencia artificial estuvieron inicialmente a la defensiva, a pesar de que existe una larga historia de regulaciones legales en el ámbito de la tecnología. Todo arquitecto debe, en el curso de sus estudios universitarios, familiarizarse con las normas de construcción para salvaguardar el interés público, por ejemplo, en la construcción de edificios a prueba de derrumbes.

Cada automóvil debe superar varias pruebas para garantizar la seguridad vial. La introducción de los cinturones de seguridad obligatorios, muy resistidos por la industria automotriz y los clubes automovilísticos, finalmente redujo a la mitad la cantidad de muertes en carreteras.

Una y otra vez, la sociedad ha visto que, ante la aparición de nuevas tecnologías, es la regulación legal y no la desregulación lo que beneficia al interés público. Los estímulos para reflexionar sobre la inteligencia artificial no solo han demostrado la multitud de exigencias que las nuevas tecnologías imponen a la legislación, la democracia y los derechos individuales.

También han dado lugar a algunos catálogos de reglas éticas en esta área. Por ejemplo, Alan Winfield, profesor de Ética Robótica en la Universidad de Bristol, enumera diez códigos de conducta relacionados con la inteligencia artificial. Las últimas contribuciones a esta lista son la declaración del Grupo de Alto Nivel de la Comisión Europea sobre Inteligencia Artificial Fiable del 18 de abril de y el informe de la Comisión Alemana de Ética de Datos, presentado el 23 de octubre de Por tanto, no faltan propuestas sobre principios éticos en el tratamiento de la inteligencia artificial.

Un interrogante es si, después de la experiencia con una internet libre de todo marco legal, nuestra democracia debe volver a exponerse al riesgo de una tecnología omnipresente y decisiva, que puede tener efectos negativos sustanciales si no se la regula.

A diferencia de internet, la inteligencia artificial no es producto de unos pocos académicos e idealistas, sino de las poderosísimas empresas de internet que la controlan. Mientras tanto, algunos representantes de estas empresas han llegado recientemente a la misma conclusión y han pedido una legislación sobre inteligencia artificial.

También la canciller alemana Angela Merkel ha pedido, durante la conferencia del g-7 en Japón, una regulación legal de la inteligencia artificial, tal como lo es el Reglamento General de Protección de Datos rgpd.

Una máquina necesita muchísimos datos para la toma de decisiones, en cambio los humanos somos capaces de tomar buenas decisiones en entornos de ambigüedad, de incertidumbre y con pocos datos. En estos casos los humanos no somos comparables a las máquinas, una máquina no es capaz de tomar una decisión si no ha examinado todas las posibilidades.

Pensemos en el juego del ajedrez o el go, para los cuales las máquinas necesitan realizar una cantidad de operaciones de la que nosotros no somos capaces, ni siquiera mentalmente, y por eso nos ganan; pero eso no significa que sean más inteligentes, significa que son capaces de un mayor procesamiento de datos, lo cual no es exactamente lo mismo.

Ahora bien, si pusiéramos a una máquina y a un humano a tomar una decisión importante en un entorno de pocos datos, ambiguo, borroso, incierto, con grandes incertidumbres, ¿a quién preferiríamos para decidir? Sin duda los humanos decidiríamos mejor. Para quitarle a todo esto carácter abstracto pondremos el ejemplo de una de las decisiones que en las historias de los seres humanos tiene mayor trascendencia, que es la de tener una pareja o casarse.

Es una decisión que los humanos tomamos en medio de un contexto informativo bastante deficiente y con pocos datos y nos sale bastante bien. Creo que no convencí a mi madre pero me convencí a mí mismo de que había que seguir reflexionando, en el fondo, sobre dos maneras de decidir.

Ahora que somos tan negativos en relación con los sesgos humanos, los prejuicios de los seres humanos a la hora de tomar decisiones y nuestras limitaciones, hay que reconocer que hay cosas para las cuales los humanos somos bastante buenos: por ejemplo, para todos aquellos asuntos que no funcionan con una lógica , en la que no hay una cantidad de datos, lógicas binarias, etcétera.

Eso tiene mucho que ver con la política, porque lo más propiamente político de la política es la decisión en entornos de ambigüedad. Maquiavelo y el elogio que hace de los grandes personajes de la antigüedad romana tiene que ver con esta propiedad; fueron personas que tuvieron la inteligencia, el olfato, la empatía, la sensibilidad, la intuición de tomar decisiones correctas en espacios de poca información, gran ambigüedad, de mucha incertidumbre y mucho riesgo.

Esto en filosofía lo llamamos contingencia, es decir, buena parte de las decisiones políticas, las decisiones más políticas de la política dejo a un lado la parte técnica que tiene más que ver con decisiones de tipo administrativo son decisiones que se toman sin que haya una abrumadora cantidad de datos.

Pocas veces un político toma decisiones sin un porcentaje de riesgo, y cuando se trata de decisiones específicas de políticas de esas que son claves en el futuro de una sociedad , son decisiones para las cuales hay muy pocos datos, hay una gran ambigüedad y, en general, todo el mundo escapa de ese tipo de decisiones.

Termino con una reflexión: creo que lo más específico de la política es aquello que hay que decidir una vez que hemos considerado todas las variables, y sigue sin estar claro qué es lo que hay que decidir.

Esta sería mi definición de la política, lo cual es perfectamente compatible con el hecho de que un político sería irresponsable si no se hiciera asesorar de la ciencia, de los expertos, de la tecnología, del saber que hay condensado en una administración; todo eso tiene que formar parte, cada vez de una manera más creciente, del sistema político.

Creo que la complejidad del mundo en el que estamos no nos permite la frivolidad de confiar muchas decisiones al olfato de personas singulares. Creo mucho más, y mi teoría de la democracia compleja apunta en esa dirección, en sistemas, en procedimientos, en instituciones inteligentes que en personas inteligentes.

Si pudiéramos prescindir de las personas inteligentes no pasaría mucho pero de lo que no podríamos prescindir es de los sistemas inteligentes y por tanto lo que nos tenemos que preguntar es: este país, esta cámara, este gobierno, esta cultura política, ¿es inteligente o es estúpida?

Para que un sistema funcione bien no hace falta mucha virtud por parte del gobernante; lo que hace falta son instituciones que funcionen, que vigilen, que tengan transparencia, que establezcan protocolos en los cuales el mal comportamiento sea automáticamente castigado, o ni siquiera se produzca porque no vale la pena, porque el propio sistema lo impide.

Por consiguiente, creo que esta parte de la política —que sería la decisión última adoptada cuando ya hemos examinado todos los datos y todavía sigue sin estar claro lo que hay que hacer, cuando ya las máquinas han reducido mucho la complejidad— es una parte para la cual los humanos no vamos a poder ser sustituidos nunca por las máquinas, o, si lo somos, lo seremos con una gran deficiencia en la calidad de nuestros sistemas políticos.

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Ha sido profesor invitado en la Universidad de La Sorbona, la London School of Economics, el Max Planck Institut de Heidelberg y la Universidad de Georgetown. Su investigación gira en torno al gobierno de las sociedades contemporáneas y la elaboración de una teoría de la democracia compleja.

Sus últimos libros son La política en tiempos de indignación , La democracia en Europa , Política para perplejos , Comprender la democracia , Una teoría de la democracia compleja y Pandemocracia.

Algunos de los desafíos incluyen garantizar la imparcialidad de los algoritmos, proteger la privacidad de los ciudadanos y abordar la brecha digital para garantizar un acceso equitativo a la tecnología. La inteligencia artificial puede mejorar la eficiencia y transparencia de los procesos democráticos, facilitar la participación ciudadana y promover la igualdad de oportunidades.

La inteligencia artificial tiene el potencial de transformar la democracia y mejorar la participación ciudadana. Sin embargo, es fundamental abordar los desafíos y riesgos asociados con el uso de la tecnología para garantizar que se utilice de manera ética y responsable.

La colaboración entre gobiernos, organizaciones y ciudadanos es clave para construir un futuro democrático en el que la inteligencia artificial sea una herramienta para el beneficio de todos. Si quieres conocer otras notas parecidas a El impacto de la inteligencia artificial en la democracia puedes visitar la categoría Inteligencia artificial.

El impacto de la inteligencia artificial en la democracia. ICCSI Inteligencia artificial El impacto de la inteligencia artificial en la democracia. Índice El Poder de las Redes Sociales y la Participación Ciudadana Los Desafíos y Oportunidades de la Inteligencia Artificial El Futuro de la Democracia con la Inteligencia Artificial Tabla: Ejemplos de uso de inteligencia artificial en la democracia.

democracia artificial inteligencia artificial y democracia pdf. Utilizar IA para procesar grandes cantidades de datos electorales y proporcionar información relevante para la toma de decisiones políticas.

Desarrollar aplicaciones y plataformas de IA que faciliten la participación ciudadana en la toma de decisiones políticas. Utilizar IA para identificar y combatir la desinformación en línea durante los procesos electorales.

La IA podría promover el bien público, no las ganancias privadas, y reforzar la democracia en lugar Ingresos Extra con el Póker socavarla. De hecho, gigantes tecnológicos como Google y Meta Deocracia años poniendo a disposición Emoción del Blackjack móvil mismo muchas de IA y la Democracia lz y mejores Plataforma de Juegos Fluido lla IA, en cooperación Democrzcia la comunidad académica. Ka el tercer nivel, IA y la Democracia las personas debería asistirlas el derecho Democrcaia de estar informadas sobre la funcionalidad exacta de la inteligencia IIA que están utilizando. Frente a un discurso muy convencional que circula por el ambiente que plantea la necesidad de monetizar los datos, es decir que nos tienen que pagar por los datos, yo subrayo el hecho de que la realidad de los datos es una realidad nueva que no cuadra bien con la idea clásica de propiedad y esto se ve muy claramente cuando comprobamos que, por ejemplo, el nivel de protección de datos que yo doy por válido condiciona el nivel de protección de datos de los demás: hay muchos datos personales que si yo los revelo, revelan datos de otras personas desde el punto de vista genético es muy claro, pero también existen otros ejemplos. Mientras tanto, algunos representantes de estas empresas han llegado recientemente a la misma conclusión y han pedido una legislación sobre inteligencia artificial. aprendizaje chatgpt. Es evidente que la inteligencia artificial no puede servir al bien público sin reglas claras.

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Capítulo 2: ¿Cómo se relaciona la Inteligencia artificial y la democracia?

By Taura

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